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estar en una pieza del hotel o de un
andén, estar mirando una vitrina, un
perro, acaso
teniéndote en los brazos, amor de
siesta o duermevela, entreviendo en esa
mancha clara la puerta que se abre a la
terraza, en un ráfaga verde la blusa
que te quitaste para darme la leve sal
que tiembla en tus senos,
y sin aviso, sin innecesarias advertencias
de pasaje, en un café del barrio
latino o en la última secuencia de una
película de Pabst,
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-Julio Córtazar- "Prosa del Observatorio"