Una luz evanescente de imprecisos devaneos
una luz perezosa moviéndose entre el viento
y las piedras,
así eres tú fundiéndote en las horas
que proyectan las sombras,
a veces sin medida parecieras grotesca
doblegada y rendida
amparada en ellas.
Perfiles o redondeces
simples ropajes
fútiles y vanos
de abultado cuerpo viviendo en la mancha.
Se adormece el escorzo
y desde la oscuridad azul
una lágrima blanca cae sobre el tergal.
Y es ahora cuando te pregunto:
¿por qué se iguala la noche
a ese crucial instante en el que tú te haces niebla
o es que simplemente ha bajado
la intensidad marfil de tu mirada?
