martes, 6 de septiembre de 2011

Pobres enamorados


Me contaron que estabas enamorada de otro
y entonces me fui a mi cuarto
y escribí ese artículo contra el gobierno
por el que estoy preso.
-Ernesto Cardenal-


Déjame que te entretenga,
que diga a tu oído cada mañana
cosas de la vida,
déjame
para que no muera.
Mañana tal vez haré huelga,
saldré a la calle y este sea mi último día.
Tal vez muera asesinado por accidente.
Como son asesinados todos los pobres de la tierra
todos los que aman, pobres enamorados.

Órdinas (24)

Arrojé el tintero
sobre el papel blanco.
Se trataba de ser
grandilocuente.
Es a partir de la mancha
cuando todo se nombra.

lunes, 5 de septiembre de 2011

El maestro




Escribí poemas entecos
que ardían como teas
y siempre marrullero e impúdico
magreé las palabras.
Siempre he creído que ejerciendo de poeta
sobre mí se extendía
la más implacable persecución
porque sabía que a nosotros los ignorantes
(accede uno a la palabra y la maltrata)
se nos niega el pan
desde hace demasiados siglos;
y ha tiempo que dejamos de beber:
la sequía,
la sequía, gritaron los parias.
Y es que los míos (los míos, los nuestros, los suyos)
siempre poblamos con nuestra carne
las hermosas cunetas
que resaltan nuestro pasado
en una hondonada perfectamente
cómoda
de huesos hermanados.
El poeta sigue flaco,
escribiendo versos paranoicos
con ritmo a compasado.
Tic-tac, tic-tac, dicen los diarios.

Bisontes en el sol


taj mahal & toumani diabate: catfish blues.

Secuencia del poema

Antes y después del poema.
Antes y después del poema. 
Antes y después del poema.
Antes
y después.
Antes del poema
lo que había era un posible después.
Y que sólo después del poema fue alargándose
extendiéndose como la pregunta más difícil
que tendría que hacerse
el poema si después de él 
el antes no significó absolutamente nada.


Lo que dejó el poema
lento macerándose como un después
de nosotros
siempre fue ese antes.
Antes y después de nosotros
de nosotros
siempre.

Antes





















Después





















Antes




















Después

Órdinas (23)

Ande yo caliente y disturbio,
laxo o saxo,
flacucho y flequillo,
ande desnudo como siempre:
demasiado tiempo
pasé en el paraíso.




23/09/03


domingo, 4 de septiembre de 2011

Postrado


Yo le di al mundo palabra de santo
e inicié versículos en estancias de altura
y en las celdas del alma
donde supe liturgias silencios y letras
puse devoción y precisa evidencia
e hice un mapa de mi azulada ternura
para no perder el ánima de la palabra.

Dura sólo un día el efecto
del bálsamo que merma
sahuméricos templos.
Recógete en rodillas.

Regreso

Austero bordón plano
regreso a trópicos callados
abandono esas áreas invadidas
repletas de rutas y defectos
quizás zonas de encuentros
citas y asambleas.
Moléculas y células en simbiosis planean
asaltar los labios
dónde algunos sonidos con alma de ruta
interpretan el blues
de torpes medusas gélidas o lánguidas.
Entonces tú y yo contaremos viejos
que nuestros huesos
(tu calcio mi óxido)
huelen siempre a limo
a boca de sangre
paladar de vainilla y acero.
Al amanecer malvas telas malvas
sobre los frágiles cuerpos
como una salva de cataratas
que trazan líneas blandas y rosas
entre nosotros las calles y los mapas
límites obstáculos
mil enebros dorados o ardiendo
borrados de los bosques por el fuego
para que el dolor de nuestro pecho
no se hiciera agua.
Austero bordón plano
regreso al liquen.

Buenos días primavera, geraneo optimista.


Un hombre solitario / un maestro Sony Boy. Hoy como un clavo. No se devuelve el viaje.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Secuencia seis


Una vida sencilla

Nosotros hacemos cosas sencillas, como salir de paseo
o tomar unas cervezas,
preparar un guiso de conejo, mirar una casa,
nosotros hacemos cosas fáciles que entiende la gran
mayoría,
porque siempre hay una pequeña mayoría
a la que para crearle un trauma o un problema
de ubicación,
para hacerla desaparecer en una palabra,
la suelan llamar y la llaman
minoría.
Pero nosotros hacemos cosas sencillas,
salimos a pasear
y nos hacemos guisos exquisitos:
unas lubinas a la espalda con eneldo
y pizca de estragón.
Congrio con almejas a la cazuela de barro.
Bacalao al pil-pil.

La cotidiana mancha azul de nuestras cejas

Tomo tu carne y me dejas recorrerla
todos tus itinerarios tienen algo noble
no encuentro defectos difíciles
no hay errores en el viaje
una luz cegadora y triunfal va cayendo
sobre el mar
las arenas del desierto
el hielo del norte
y las letras rotas y cúspides de estos poemas.

Te miro sin tocarte
mis ojos no te ven como debieran
y tecleo donde no hay huellas de tinta.
Salgo al balcón de la tarde y me gustaría
llorar mientras tú te pierdes.
Esta música que nos aleja y también nos separa.
La cotidiana mancha azul de nuestras cejas
mirándose
las manos tocándonos
como si fueran fuego.

El blues de las cero horas llega a las tantas. A miles de millones de kilometros, trae sólo tiempo. Belleza acumulada. Y un pellizco de temperatura entre el dedo índice y pulgar arrancado de algún cuerpo dispuesto al deshielo. Buenas noches mundo estúpido que no entiendes la belleza.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Locos

Los locos. Ángeles caídos.
Un día su vuelo fue fuego.
Mas no pudieron con el peso
de la nieve sobre sus alas.












El blues de las 00.30 llega a las 13: 47, debido a la niebla.

Planta-Pájaro


El poeta atrabiliario con redundante melodía
de melancólico semblante triste,
silbando una canción
de cuando era joven y feliz,
sacó a la terraza su planta favorita
para que viera el nuevo amanecer,
y esperó en vano:
la planta ya no regresó.







Como los ojos malvas y solos de los caminantes


Yo era optimista como una modista
Yo era optimista como una pradera en flor
Yo que era un ser invencible sin miedo al apostrofe
me oculté en camisas de anchas mangas
y cuello profundo dónde se ahogaban los forasteros
A nadie di pie ni señas apagué el fuego
Yo optimista como un gusano
capaz de ser pupa bajo los aguaceros
repté a mariposa
volé
fui de nuevo alevilla resucité
junto a los bordes desordenados de los lagos
Sobre una página de barro y luna
inicié un vuelo sin rumbo
Torpe fui nómada
como los ojos malvas y solos
de los caminantes.