Añadir leyenda a esta foto es creer que una puesta de sol en el mes de diciembre puede tener la leyenda de una puesta de sol en el mes de junio y que desde esta perspectiva de las cosas y los edificios, nunca sería posible. Hecha la excepción que el sol impone, dejemos al poeta solo. Como siempre. |
Tal vez no acabe nunca de hacer este poema. -J.M. Caballero Bonald-
lunes, 10 de octubre de 2011
Puestas frías
Cuando me puse triste
Preciso descansar de este hueso
que oprime mis virtudes
sabes
tú sabes
que fuiste la primera
en ofuscar mi carne
tensarla en un calibre
fácil
atarla a ti con un sarmiento
verde
que arrancaste de mis venas
cuando me puse triste.
que oprime mis virtudes
sabes
tú sabes
que fuiste la primera
en ofuscar mi carne
tensarla en un calibre
fácil
atarla a ti con un sarmiento
verde
que arrancaste de mis venas
cuando me puse triste.
Citas desinteresadas
Cuando al quemar los libros se procura quemar también
al poeta, queda claro que nadie, por asombro o escándalo,
pregunta cuál es el sueldo del verdugo.
pregunta cuál es el sueldo del verdugo.
-Vladimír Holán-
domingo, 9 de octubre de 2011
Nudo desnudo
Hábil desde la mano al cuerpo del otro que la toma vigilando la acertada piel con posibilidad de acercamiento algún roce algún extraño color la tersura ese tacto que puede imitar la suavidad que le insinuó un pliegue.
Deslizó los dedos bajo la camisa dejando tras de sí un reguero de sinsabores un contenido deseo de ser necesitada. Tocó su hombro suspiró en su oído el otro musitó lentitud sobre su rostro y lamió o quiso ser pureza y piedad casi suplicó cuando la mirada era un lógico abismo donde en el fondo del mismo se encontraba la mullida sangre tan espesa tan fluida y caliente recorriendo los lugares que estaban siendo habitados.
Tocó los nudillos besó la palma de su mano deslizó la mejilla por su garganta y dejó una saliva inmóvil sobre la curvatura donde el brazo y el cuerpo se hacen remo y barca. Palpó con sus dedos una piel como la suya porque la propia estaba siendo explorada y cuando ambos coincidieron en un claro de la selva epidérmica hicieron fuego de sus carnes humo de sus huesos y los pájaros que habitaban en sus besos cruzaron volando la dimensión de las temperaturas la redondez de las esferas el cilíndrico volumen donde se sacian los espacios.
HAGO QUE DESHAGO Y LIMO
Hago que deshago y limo
dispongo y digo
que las cuerdas se descuelgan
y los cuerpos desesperan
en la espera
se sujetan se atan
o desatan
anhelantes se abalanzan
danzan
y se miran
se vigilan o se horadan
penetran en la atmósfera
se alteran en la calma
y después del desazón
se desbaratan
y se alejan
y se dejan
y se aman
Agujero
¿Al otro lado del agujero siempre hay otro agujero?
Los agujeros siempre tienen entrada
¿tienen salida los agujeros?
Esos agujeros tan solos y negros me dan miedo.
¿Tendrán una mano que te palpe
tocando al otro
que vive contigo dentro?
sábado, 8 de octubre de 2011
Debe
Fingido el trámite fingido el uso
se da a la vida el impulso del caos
se inician palabras débiles y caen esferas
se desploman cándidos artesonados
y lápices de colores y mareas internas
y dejan las cosas de llamarse
por su nombre.
Caen esbozos
nacen caras nuevas
reconociendo en sus arrugas
la identidad de otro rostro
identificando en su nomenclatura
el dígito álgido del semblante de otro.
Y las intenciones empiezan a coincidir
en un crucigrama de enigmas
que conformándose deciden proclamar
el misterio de su sed
la sed de su dolor.
Fingido el trámite nos queda el debe.
Arcada (cúpula y nausea)
Tapeme de huestes asesinas,
cubrime de hordas imperiales,
matome un paladar de golondrina,
coleme por amplios ventanales
salí a una tundra de rojos ruiseñores
(al fondo amapolas y anaqueles).
Y un orden silencioso y trágico
de amantes mirándose a los ojos.
viernes, 7 de octubre de 2011
Quedan inmóviles pendientes
-A Nines y Poti,
después de unas cervezas.
Quedan inmóviles pendientes
una larga lista
una caterva de rojos izquierdistas
queda la mala leche de historias escritas
con sangre
como la morcilla de su pueblo:
el de Ángel González.
Quedan inmóviles y pendencieros
guerreros de la noche
esta tarjeta de visita
este cuaderno
esta delicada noche con su fiesta de baile
donde nunca te saqué a bailar
pero tus ojos danzaban en mis labios
y me enamoré de ti como un normal.
Quedan las pérdidas:
todas las oportunidades vacuas de cada día
y largos borradores de urgentes versos
precipitados: su borrón de lágrimas
templadas.
Queda la música de Aute
O la de Silvio o la de Pablo.
El patio de Triana
Y un blues de Mayall.
Azules musarañas
teatros en el cielo
asustadas bandadas de pájaros
en el invierno húmedo de los campos
alegres y tristes
los páramos que dijera Don León Felipe
de esta España hermosa
como una manada de corderos
como una partida de bandidos imbatibles
de maquis románticos o no
en los montes resistiendo la soledad de la muerte.
Amor amor
qué puede ser de mí y de ti.
Quedan inmóviles pendientes
rosas tatuadas en la piel de las ingles
una flor por cada amor fracasado
fina y dolida piel
tan necesaria y precisa para amar
para sufrir puñaladas azules y de oro
y desangrarse de un único amor.
Irrepetible ya.
Renuncia
Ya has visto
ya estás viendo
caballos blancos
y locos
desde la otra orilla.
Monta en ellos
cabálgalos como si aquella noche de muslos
fuera siempre.
Y en ese trote lánguido
frota tu abdomen
como una fruta madura
contra el vientre de la noche.
jueves, 6 de octubre de 2011
Luz. Luz para el Sur.
Aquellas carreteras frías del mes de diciembre
aquella lluvia que nunca logré cruzar
aquellos sueños rompiéndose lentos
como una gota de agua
resbalando en el cristal
aquellas palabras
tantas palabras tuyas y mías
agitándose hoy como una cometa
contra el azul
contra la luz.
Suena "Luz" de Santi Vega
viene una paloma a posarse en mi terraza
y sobre los tejados el sol también es azul
hoy las calles están desiertas y frías.
Hay un cuchillo como una sombra negra
sobre el jazmín tan blanco.
Un ruido de cristales rotos
y una lágrima
caen con un golpe limpio y transparente
como de agua atravesada
dentro de mi alma
y sobre las baldosas de la plaza desierta.
Un grito. El miedo. El final.
MUUUUAAC
Beso
Ate
Ate
un hilo a un beso
déjelo caminar como a un niño
dele fuerza con un leve empujoncito
si ve que cae al suelo levántelo
con sumo cuidado
tenga en cuenta lo que cuesta
dar un beso
tenga en cuenta lo que cuesta
recibir un beso
ande tenga sumo cuidado
no vaya y lo pierda.
Órdinas (26)
Una palabra.
Dos.
Y ya cerca del caos
reconocer que nada tiene significado:
una palabra.
Dos:
el caos.
22/04/08
Dos.
Y ya cerca del caos
reconocer que nada tiene significado:
una palabra.
Dos:
el caos.
22/04/08
miércoles, 5 de octubre de 2011
Bellos como delfines
Estaba triste como podía estar muerto
estaba malo o peor sereno
o manchado de sangre como una amapola
el corazón latía pedazo de paz interna
comía a diario
pero aún tenía hambre
limpiamente me deslizaba sobre las aguas
el amor los celos el odio la ira
pero limaba asperezas
y mi alma dormía sobre blando colchón
era yo
y no había motivos de sospecha
ofrecía confianza a los demás.
Qué simple es la intrincada red
que simple salir del laberinto.
Qué triste la indiferencia mortal
de los delfines
creyéndose hombres.
Migratorias
Van llegando como de torres nuevas aves blancas.
De otra emigración vienen.
Vuelven porque al dejarnos encontraron
la mejor forma de llegar
y en la ausencia se recupera el recuerdo
que es la forma de evocar.
Vuelven aves blancas de otra emigración vienen
dándose.
Cold cold ground
Traía el viento un olor a marrones y ocres
verdes colores muriendo
de una tierra apagándose,
abandonada por cuervos y piratas.
Venía un olor a otoño
que yo supe que era una lenta maduración
de campos abandonados
de una tierra solitaria.
Se fueron los árboles azules
de nuestra colina dorada
tapada por la bruma
y no saben regresar.
Suena dentro de mí un acordeón
que trae este viento de otoño.
Y llueve en otro país sobre otra gente
y la lluvia nos iguala.
Yo quería que me buscaras
con tu mirada húmeda.
La eternidad del viento
te trae y te aleja de mí.
martes, 4 de octubre de 2011
Servilleta
Doble su punta sobre el mantel herético:
la servilleta amable de tela de algodón
deposite restos de comida limpie sus labios
tersos
degustadores de manjares
déjela sola en la mesa dígale adiós
un hasta luego lleno de secretos
y cuente mintiendo que estuvo de ágape.
Restaurante: "El Galeón"
Deseo de ser piel roja.
Para qué quieres saber tanto?
me pregunta un amigo
reprochándome que siga siendo un loco.
Pero yo sé que nos vigilan los indios.
Nos tienen rodeados.
Algunas mañanas descubro en las aceras
esas plumas de águila que usan los siux
para hacerse sus adornos de guerra.
Yo las sigo y veo batallas. Los arcos se tensan.
Cabelleras sanguinolentas cuelgan
de farolas y ramas. Las señales de tráfico
son dianas para sus lanzas. Un cuchillo
hecho de hueso de bisonte
se ha clavado en un cajero automático,
junto a la mano de un hombre que tecleaba
un número secreto. Hay flechas acertadas
en la torre de la iglesia y un roto carcaj cuelga
de la veleta del campanario.
Galopan entre los coches.
Invaden autopistas y carreteras,
el peaje que pagan es el de un viento
salvaje como ellos que quema sus ojos.
Sus rostros pintados para la guerra
se van alejando.
Volverán más tarde.
De norte a sur cientos de kilómetros de cielo
sin apenas pájaros. Dejan atrás un paisaje
de edificios levantados por un pueblo de bárbaros.
Y el viento ardiente y extraño arrastra
huellas de pantera, cascabeles de serpiente
pétalos de flores que vivían en el prado,
y en ese trasiego grito: ¡vivan los pieles rojas
que cabalgan a pelo y no llevan espuelas!
me pregunta un amigo
reprochándome que siga siendo un loco.
Pero yo sé que nos vigilan los indios.
Nos tienen rodeados.
Algunas mañanas descubro en las aceras
esas plumas de águila que usan los siux
para hacerse sus adornos de guerra.
Yo las sigo y veo batallas. Los arcos se tensan.
Cabelleras sanguinolentas cuelgan
de farolas y ramas. Las señales de tráfico
son dianas para sus lanzas. Un cuchillo
hecho de hueso de bisonte
se ha clavado en un cajero automático,
junto a la mano de un hombre que tecleaba
un número secreto. Hay flechas acertadas
en la torre de la iglesia y un roto carcaj cuelga
de la veleta del campanario.
Galopan entre los coches.
Invaden autopistas y carreteras,
el peaje que pagan es el de un viento
salvaje como ellos que quema sus ojos.
Sus rostros pintados para la guerra
se van alejando.
Volverán más tarde.
De norte a sur cientos de kilómetros de cielo
sin apenas pájaros. Dejan atrás un paisaje
de edificios levantados por un pueblo de bárbaros.
Y el viento ardiente y extraño arrastra
huellas de pantera, cascabeles de serpiente
pétalos de flores que vivían en el prado,
y en ese trasiego grito: ¡vivan los pieles rojas
que cabalgan a pelo y no llevan espuelas!
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