Tal vez no acabe nunca de hacer este poema. -J.M. Caballero Bonald-
lunes, 21 de noviembre de 2011
Cartas, remites, trámites
Me he convertido en trámite y tránsito,
voy de aquí para allá
como una carta sin sobre,
desnudo de sellos y remites
me dejan en buzones extraños.
Me sobran renuncias y a veces
caigo en el desanimo
y sólo el viento me entiende.
Soy un él o soy un tú,
o vivo de ellos o viven de mí.
Y deambulo
como una muerte ateniéndose a los goznes.
Se abrieron puertas
pasaron los hijos de la noche
las madres de la luz cubiertas
de oscuridad
la misma nada ateniéndose al no:
nunca tengo respuestas.
Algún amante queriéndola aún
confiesa que se muere.
Soy un papel con el alma rasgada
que tan sólo dejo cicatrices.
Los que leen en mí
nunca encuentran palabras.
domingo, 20 de noviembre de 2011
Fornicaciones
Presa de un halito
un vaho
separé primero
tu carne de mi cuerpo
y luego
mi nombre
entró en tus venas
cálido
como un secreto antiguo
¿dónde merodeo
cristalina sombra?
apenas fue encendida
tu carne por mis dedos
su luz
hilándonos
con besos
los pasos perdidos
caminamos hacia dentro
de un nuestro mi amor
son los otros los otros
que se acarician con milagros
y miradas
y quedan frágiles en nuestra risa
en nuestros ojos
su vuelo su huida
la hoja de este otoño
sobre tu pubis de plata
sereno como el último eslabón
que en la noche numera las veces
que caímos como provocados
en una siesta
de muslos entrelazados
de cabellos húmedos
los gesto de los otros
incitándonos
a ser envidiados
llegan a tu dolor salivas
de mis labios
que reconocen
una miel impura
deslizándose
y abriendo tus muslos
me ruegas un perdón
más allá de todo alivio
pecas
y ríes
a la vez que una lágrima
se derrama
agrandando
tu
ven
verás que yo no soy un hombre y que nunca tuve nada que ver
con ellos
fue casualidad que arrastrara
esta piedra
el bronce de un músculo
agresivo
y tétrico
ni un millón de años serán capaces de apartar de mí
tu nombre
lo llevo azul o templado entre mis dedos y mi lengua
perdonado y uncido
como una dulce venda
atándome
a tu corazón
que tiembla
estremecido
y es desde los cuerpos
desde ellos precisos
desde ellos tan sólo
sin un argumento
apenas la espera
remedia esta angustia
de ti
pero tuve ese silencio que precisan las flores
para dar su perfume
a una hora exacta
que los enamorados desconocen
pero de la que se aprovechan
encelados
con la venganza de un aceite
derramándose lento
sobre la carne
su palpito de luciérnagas
su luz
el brillo en la piel
amiga
ven
si crees que aún suena
una voz oculta
en la nieve
en el miedo
a ser conocida
donde nadie se atreve.
Bala de goma
![]() |
Bala de goma (pelota la llaman para quitarle gravedad al tiro) recogida por este que sufre la vida como si fuera un vidón. Con uve de vida. Que no un suvidón. Y esta ya no sé si va con uve. Con uve de victoria o con uve de vendetta, esta bala de goma, que mató a alguno-a en la transición que nunca supo contar la Prego, ni el PCE, seamos claro; fue recogida, repito, por este poeta a domicilio, delante o al lado de la prisión de Carabanchel, hoy ruina poética, campo de amapolas, memoria histórica, si es que la memoria sabe de qué está hablando.
Fuimos hasta esa cárcel, en una pantomima a la que acudimos algunos para que soltaran a Don Santiago Carrillo, detenido con peluca para poder soltarlo con peluquín. Todo era peluquín, amiga Prego, en la transición. Así transitamos hoy. De una manera tan extraña que ni los indignados saben de qué estoy hablando.
Desde entonces tiene Don, el Sr. Santiago. Maldita sea la vida si la vida es la vida. O el vidón.
Ahora la pelota, adorna una estantería de yeso, sobre pedestal de pvc capturado en la playa, y proveniente de una red de pescador que arrojó sus sueños a la mar.Qué bonito es el tiempo que no existe, y perdona al que sí. Al que está. Ese tiempo pendiente de que te descuides, para marcar las horas, los días, los meses. Tiempo. Pregúntenle ustedes la hora a los gorriones. O a mí.
sábado, 19 de noviembre de 2011
Duermen los libros en nobles anaqueles
Llega hasta mí la humedad de las hojas muertas
ese dulce aroma de los cuerpos
sonando a silencio cuando caen
apaciguados por el cardinal otoño.
No acaban aquí si no que empiezan
crepita la carne como la madera
o la felicidad. Se abre paso en la noche.
Ahora la nada toma cuerpo
y todo se agranda en el otro.
Leo libros que luego regresan obedientes
a su aparente silencio de baldas y anaqueles.
Mis libros van y vienen
rodeados de miedo y también de temor,
siempre refugiados en nobles anaqueles
de escayola pintada.
Entran y salen,
sobran
se encienden
y luego quedan profundamente dormidos
dolidos y cansados. Esos libros
siempre haciendo cosas imposibles,
son el habla de los muertos
de mis muertos tranquilos
inocentes y libres.
Y caminé con ellos,
caminé
con tregua o sin ella
sabiendo que soy considerado
un signo galimático
con el que había que ser condescendiente
o una marca en la nieve
que había que ignorar.
viernes, 18 de noviembre de 2011
Mensaje en una botella de piedra
Yo soy un invisible. Tú eres una invisible. Catorce millones de obreros de este país son invisibles, creo que lo sabes, o te haces la tonta, o como si fueras hombre, incluso el tonto, para seguir con una venda en los ojitos que no le hace ningún favor a la poesía. Amas a la Pizarnik, tal vez a poetas de otras tierras, a Edmundo De Ory, a fulano de tal, a perico de los palotes. Pues si es verdad tu amor por ella, por él, por tantos, ama lo que ellos amaron. Busca qué le dolía a la Pizarnik. Murió en nombre de los invisibles que poblamos la Tierra. Un planeta que se llama Tierra, ¿no te llama la atención? Tierra. Agua. Barro. Formas. Nos vamos dando forma. Tú a mí, yo a ti. Ni tú ni yo tenemos la misma forma desde que compartimos. Desde que compartimos. Hoy soy otro por decir palabras nuevas. Para ti. Para el viento del sur. Para esta primavera disfrazada de otoño. Estas palabras que son agua y barro. Formas. Pasa el tiempo y sigo sin saber qué hacer contigo. Con el comité central. Con los girasoles, que no dejan de joder con la pelota: girando en torno a un sol sin portería. Y quiero vivir ignorando las formas que te dan nombre. Siempre te quiero. A pesar de ti. De mí. A pesar de los dos. A pesar de que es imposible amar. Fin del mensaje. Acaba la historia. Todo se recicla. Somos eternos. Cenizas por tanto. El soplo frío de un dios enfermo.
jueves, 17 de noviembre de 2011
Cristal aniversario
Sobre las aguas transparentes o de seda
cae sobre esas aguas el aniversario cruel
del tiempo que dejé de quererte.
Y se mece la noche en un barco de sal,
cerca del horizonte las horas caen lentas,
lánguidas y solas.
He perdido la vida sobre la playa
y no queda nada azul en el vuelo
de aquellas alas que buscan descansar
de la ausencia,
sin ellas no podrás regresar nunca
a estas arenas de mitos y culebras
de rutas inmortales
borradas de la memoria
por alguien que olvidó navegar.
Y regreso al mundo
subo a tu casa de inocente cintura
para dejar mi cuerpo abandonado al sueño
y arrojarme así al abismo de tu nombre
al acantilado sereno de tus ojos
llamando a tus puertas de par en par abiertas.
Y ya soy habitante de tus manos
más sereno y más anónimo
un mensaje inútil de botella errante
pegado a este crucial y roto cristal
de tiempo aniversario.
Y deja que gozoso me mire en ti
dispuesto a morir y blasfemar
en el largo gemido de tu boca.
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Siervo de la gleba
Me he mirado en muchos espejos pero ninguno
como el tuyo,
ninguno como tus ojos cuando al atardecer
se cubren de sombras o cuando al amanecer
se llenan de aquietada luz,
y así somos dos seres que paseamos
el mundo desigual e injusto,
y si te miro de soslayo y tu boca se abre
para oírme,
desde las fachadas
el viento trae recuerdos de cuando éramos
esclavos y tristes.
Me he mirado en tus ojos una noche,
abatido, afligido tal vez por ruidos lejanos,
provenientes de cualquier frente donde la guerra
habilita, franquea las puertas a la muerte,
mientras en las plazas los hombres
guardan un fantástico, cómplice y difícil silencio.
Yo sólo soy un siervo de la gleba.
Un apelmazado terrón,
un pedazo húmedo de barro,
criado de la lluvia y de la selva,
siervo de sus fuentes verdes,
un paria un mancebo y un clown
y hasta a veces soy una serena y sedosa
lluvia que lubrica a las sirenas,
allá en alta mar,
allá donde los barcos giran y se pierden por rutas
inválidas, inútiles de instantes fáciles.
Soy un siervo de la gleba en terreno del señor,
profundo esclavo lamido a latigazos;
cruzado por hondos verdugones y cardenales
largos y melancólicos,
hoy en este solitario día catorce.
Soy un pordiosero
agregado a la embajada del dolor,
del asfixiante clima de pastos y rastrojos
por donde se arrastra la serpiente canícular
dulcemente devorada por el sol,
en España y en América en mis geografías favoritas
y mi soledad claudicante.
Yo sólo soy un siervo de la gleba.
Citas desinteresadas
"......cuando al quemar los libros se procura quemar
también al poeta, queda claro que nadie, por asombro
o escándalo, pregunta cuál es el sueldo del verdugo."
-Vladimír Holán-
martes, 15 de noviembre de 2011
Tordos inmutables y voraces
Parados en el agreste paisaje
donde erais lejanía
bucólicos y herméticos,
pasaste tú la mano acariciadora
por su rostro
y quitando su pendiente, arete
bañado en brillos,
chupaste su oreja sedentina,
vírgula sobre su cabeza,
que apartó las letras de su camisa.
El azahar que desprendieron sus senos
te doblegó a sus piernas
erguidas como fuertes columnas,
y los besos entreveros fueron abriendo
su sexo,
y el tuyo, cipo ventral, ganó vigor.
Los tordos inmutables y voraces
siguieron engullendo del olivo
amargas aceitunas.
Caía la tarde tras los cerros.
lunes, 14 de noviembre de 2011
Llevas desde Noviembre
Llevas desde Noviembre sufriendo
y nadie a venido a tu casa,
no sonó el teléfono aún;
queda gente por la calle
ya que desde tu ventana los ves
pasear, caminar, correr.
Queda gente en el mundo
ya que desde tu risa
y cada noche desde tus sueños
los oyes gritar, alguno gemir,
otros mueren ante tus ojos.
Llevas desde Noviembre lamentándote,
nadie viene a tu casa,
no vendrán, tú lo sabes, nunca.
domingo, 13 de noviembre de 2011
Zócalo azul
Sobre el tapete de hilo hecho de azúcar
se fue depositando una sombra
que surgió de la penumbra
se cubrió la mesa de un polvo amargo
y el tiempo no sabiendo contar las horas
los meses o los años
se fue aburriendo en el zócalo azul
de la fría sala
muriendo de pena
a la llegada de la noche.
Y desde entonces una voz bronca y oscura
reina con el poder de la obsesión
en la soledad hermética de las cosas.
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