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miércoles, 8 de junio de 2022

Notas a la contra
Estoy esperando que la parte blanda de mi alma coja callo, para poder decir: No te has enterado de la vida de los otros, ni mijita: Los marcos incomparables son reaccionarios. Las islas solitarias un defecto de las masas. Los paraísos, frutos de una discusión vegana entre una culebra llena de soberbia y una humilde y muda manzana. Las utopías una manera de echar balones fuera en un ejercicio irresponsable. Y las revoluciones se salvan porque son contradictorias: están sometidas a las pérdidas y también a las derrotas. Nos quedan las ilusiones, y estas son la mejor manera de domeñar el espíritu de los disconformes. Pero es primavera por fin en los manzanos y el paraíso también usa pesticidas para demostrar su inocencia. Cada vez aprecio más mis paseos silenciosos por el bosque. De la costumbre nace una caricia condicionada a ser blanda. Y de vez en cuando silbo irrespetuosamente a los pájaros de la vida.


miércoles, 8 de abril de 2020

Nasciturus, el no encontrado

¿A dónde vas pétalo feliz?
Al final del vencido sendero
hay una capilla donde rezan
sólo los abatidos. Y en su amén
descansan sagrados perfumes
de otras flores acaecidas
en primaveras livianas y esenciales
que no fueron rendidas.

¿A dónde vas
de qué errar eres prisionero
ahora que la muerte
cinta de seda negra
se abraza a tu cintura
caída y mortal
como un réquiem pronunciado
por labios extranjeros?

jueves, 20 de junio de 2019

Poesía nómada

A veces busco libros que no tengo. Los busco entre los muebles de la memoria. Son siempre libros de poesía que se mueven de aquí para allá sin dejar rastro. Y de vez en cuando, afortunadamente los encuentro en un traslado, en aquella estantería que creí perdida, en un cambio de casa, esa o esta, la casa que un día pensé habitar. Siempre me siento afortunado encontrando el libro en la casa que no busco.

Hojas

Tengo un bajón de enervaduras. Una sequía en el estrato esponjoso del mesófilo, y llevo otoño allá donde llego como un bosque estremecido. Y en esa poquedad transciendo la vida hoja sobre hoja, en un inarmónico foliare innumerado de savia agónica sobre la que los amantes se anidan para dejar sobre ellas su deseo irrefrenable de tristeza muerta. Incluso a cada instante recurro al folio en blanco y su vértigo de lineas emborronadas para defoliar la carne enaltecida, el tierno veneno de los herbicidas. Y voy muriendo sobre el blanco, escama a escama: la escasez que me queda de aquellos encuentros en la floresta.

Ojos

He mirado más allá de las puertas de Tannhäuser, incluso escalé los 124 peldaños de la torre de Castilnovo. Miré dentro de los búnkeres que protegían la luz diáfana desde una costa plácida y pacífica, y encontré dentro de ellos ametralladoras muertas en estancias vacías. La soledad de los que huyeron. Y miré de frente, sin apartar la vista, el mar Atlántico para presenciar el amerizaje de naves extrañas, mientras en mi café despedían reflejos brillantes los cubitos de hielo que lo enfriaban. Nadé en ese mar junto a atunes azules y amarillos, que lo cruzaban al inicio de primavera, y siempre había un muerto flotando con los ojos abiertos pidiéndome un vaso de agua.

domingo, 26 de mayo de 2019

Confidencia

.-¿Sabes una cosa muchacha?
.-¿Qué?
.-Que yo mojo las fresas en vino blanco.
.-¿Y qué? Una extravagancia más.
.-Ya, pero soy muy feliz. Es como mojar pan en el sol y tomar luz por la boca. Y si esto lo haces frente al mar, es como si entendieras el navegar triste de los peces.



sábado, 25 de mayo de 2019

Los días de amor

¿A qué nos estamos enfrentando?, pregunté. Y yo pensé con ella. Y ella pensaba conmigo. Mientras me alejaba, dando un rodeo de silencio a las cosas infinitas de la vida, la oí decir: “Eres una delicadeza excesiva y exquisita. Una brutalidad esperpéntica. La contradicción, la paradoja. Todo hipérbole.”

Quedé pensando en sus palabras. ¿A qué carácter excesivo y exquisito (tal vez una excesiva nobleza, como pudiera ser la actitud de un árbol que va a ser derribado por un hacha y permanece inmutable, resignado) nos estamos enfrentando? Creo que en esas palabras pronunciadas por ella había un camino infinito que yo había recorrido durante medio siglo, y el cual ahora recorremos juntos todos los días. El camino. La manera de estar en él. El poema latiendo. “Aquél anciano ciego sentado bajo el almendro, que abría las almendras con las manos. ¿Cómo lo haces, le pregunté? ¿No ves que soy ciego?”. No ves. No veo.

Volví a mirarla. Sus ojos miraban a mis ojos. Y dije: “Te alimentas de mi no.” Y volví a decirle, esta vez con la boca cerrada, para que pudiera oír mis pensamientos: “Te vistes con la luz apagada, sentada sobre la cama.” Pero no me oyó. No ves, ciego.



sábado, 20 de abril de 2019

Vienen entre olas..

Vienen entre olas
traídas por el mar
hasta las playas olvidadas
desde países inventados
botellas de cristal transparente
conteniendo todas ellas
los ojos de aquellos
que no quisieron ver
el agua de la noche
los fondos marinos
el hogar de la sirenas
las simas donde yacen
los barcos perdidos
y las flores muertas
peinando el cabello
de los amantes ahogados.


viernes, 8 de junio de 2018

Huida

Me desperté despacio
e inicié otra huida
salí de mí
y tuve que recoger
de la casa algunos libros
que até con tu nombre
después de amarte
como el que busca en la carne
una puerta abierta.

jueves, 27 de abril de 2017

Los barcos cuando están tristes, llueve.


Siete años

Este blog cumple hoy siete años. Está mayor. Obsoleto. Es un viejo baúl de papeles amarillentos. Una especie de papelera donde voy arrojando poemas como si fuera un pozo sin fondo. Tuvo un momento hermoso.

Hace cinco, cuando cumplió dos, mi compañera Maria José Barrios me dejó este poema de cumpleaños:

De tu boca,
de tu boca quiero las mil y una lunas,
quiero la luz y la palabra.
Para que existan la Eternidad y la Belleza,
los siemprenunca y las siemprevivas,
tiene que haber un libro de arena y un babel
un ángel caído y un soldado en pie
que escriba con balas y flores en los nombres.

Gracias, Pepa.


lunes, 24 de abril de 2017

Memoria

Cubrir aguas blancas con sábanas negras,
lavar el frío de la nieve con piedra pómez
y evocar el nombre claustrofóbico del ataúd.
Con el dorso de la mano que mira
grabar un breve epitafio en el cerebro,
y ya que la metáfora en estado natural
suele confundirse con la mentira
en estado artificial,
coligar el nivel de esporas
con polen de limones
sobre la negra superficie de la lápida.
Sólo así los perfumes serán
recuerdos imborrables,
fábulas de memorias inmortales.

Y en las tumbas que no graben nombres.


sábado, 18 de junio de 2016

Suicidio

Habitado por un pánico casi cursi
me aflojo el cinturón y pienso
con la tripa de comer
que el cerebro se alimenta
de recuerdos de un pasado
que nunca volverá. 
Alimento mi pánico por tanto
con alimentos caducados
que nada aportan a este hambre
de querer ser un hombre noble
que supo estar en la vida
con la barbabilla alta
a esa altura justa para acomodar
la última bala.
Todo suicidio es lento,
tan lento como ver pasar primaveras
o el agua de los relojes
cayendo como pesadas campanadas
a esa hora justa
en la que las campanas
oscuras de la noche
alimentan un viejo y perseguido sueño:
cultivar flores aritméticas
en tiestos cóncavos
que sepan aportar a la luz
la vida secreta de los muertos.



miércoles, 11 de mayo de 2016

Los otros

Todo empezó en una ceja.
Después el dolor de la sospecha
se trasladó a un costado
pues es en los costados donde anidan
mejor las desconfianzas.
Con el tiempo estaba seguro
que era cierto:
en aquella parte de su cuerpo
no sentía las caricias
y la ceja quedó arqueada para siempre.
Esta vez el dolor se situó
entre los dos ojos que con el tiempo
comenzaron a marcar una arruga
insistente en la frente: cuando pensaba
pensaba siempre en otros.
Un día lo encontraron caído y solo.
En franca minoría se muere siempre.
Murió con las manos metidas
en los bolsillos del pantalón
y una larga hilera de preguntas
manando como lágrimas de sus ojos abiertos.
Al retirar el cuerpo
se oyó un ruido de hojarasca
como la huida de insectos entre la basura.

domingo, 10 de abril de 2016

Recuerdo

Porque tú vengas no me voy a poner a temblar
como una hojita agarrada aún a la rama más alta,
no,
temblaré cuando la rama más alta caiga
y en su ruido,
conmigo caiga tu recuerdo.

jueves, 7 de abril de 2016

Redes

Escucha muchacha
eso que notas en la piel no es un trastorno pasajero,
no es frío que puedas cubrir con ropas abrigadas,
son las aguas de un río que arrastra hojas muertas,
peces brillantes y escurridizos, limos, y la mirada
de unos ojos que contemplaron su corriente aguas arriba.
No temas, el calor en los labios o el latido en las sienes
son emociones y ruidos semejantes
a el murmullo del agua que busca el mar
lamiendo día tras día tu cuerpo, haciendo cauce en ti.
Te lo dice un buceador de la vida
que supo que la piel, como las redes de los pescadores,
hay que repararla después de cada jornada
una vez recogidos los peces que van alimentar tu vida.


martes, 29 de marzo de 2016

Mariposa

Ese vuelo sin aparente rumbo
que admiras o contemplas
te excita o te incita
lo que viene a demostrar que el ala de la mariposa
se pinta se traza se diluye se hace se esboza
se descompone iridiscente o plagio de aquél otro ala
(si lo ves o la ves a esa voraz del polen)
se alza se planta se bate en dos sobre su dos
se agiganta
o no
se pierde diminuta
lo que viene a demostrar que el ala de la mariposa
proviene del óleo
(un pintor en las sombras lo confirma)
y ella es una santa de los colores arrastrada
por la luz de un árbol o una piedra un hilo de agua
y que en su vorágine muere materia mineral desnuda
engarzada en monumental pan ético
de un horno apagado por la harina de los siglos.


miércoles, 13 de mayo de 2015

La ciudad se refugia en el hombre

Vago por la ciudad. Entre los labios
de buscar besos llevo un pitillo de niebla
con brújula de oro que enciende mi alma
echa de trojes desvanes y recuerdos amargos
y mis manzanas carnales cuelgan secas
de la noche personal que soporta mis pies
de caminante. Y subo para bajar miro para ver
voy sin rumbo fijo por calles violetas
llenas de rosales grasa y ropa tendida.
La vida también resbala en los adoquines
del hombre. Una puta en el portal
me advierte que estoy en zona hambrienta
sus pechos de hecatombe brillan desnudos
ofreciéndome pasar una noche de luz
si madrugo de sol entre sus muslos.
Arriba la catedral rebosa de pobres.
Con escudillas y gorras prolongan sus brazos
gimiendo por un puñado de monedas.
Pero nada como tus brazos rodeando mi nuca
recuerdo ahora mirando cómo los gatos
maúllan y se aman lentos entre cubos de basura.
En la tasca me ponen un vino tinto peleón
que deja raspaduras de llanto
en mi garganta y recito un poema para adentro
mientras afuera la ciudad se refugia en el hombre.

sábado, 9 de mayo de 2015

Diario

Después de mil años intentando fotografiar a un grillo CANTANDO, (tienen un oído muy fino) ayer me disfracé de aire y con paciencia de brisa, pillé a este en la puerta de su madriguera, de culo y con los élitros en plena función. Después regué unas tomateras de kumato, mientras silbaba "Palabras para Julia" de Paco Ibañez. Por la noche cené con unos poetas.