domingo, 16 de junio de 2019

Romanticismo

Como una máquina militante,
de aquellas que manejara Bertolt Brecht
en sus poemas
contra el pintor de brocha gorda,
aprieto los tobillos, me ajusto la cintura
y al paso de los blindados me acerco sigiloso
y con dientes de plata y escoria entre las uñas
abro fuego, feliz de ser un poeta valiente
que derribó una dictadura de cobardes
ardiendo en los patios señuelos del sistema.

Que mi sacrificio sea ejemplo
para generaciones futuras
y mi cadáver luzca expuesto
como nuestra de todo el romanticismo
que desde el año mil ochocientos y pico
recorrió el mundo de sombras inacabadas
hasta nuestros días de luz imperfecta.


martes, 28 de mayo de 2019

Padre Poeta

Mi padre en un día de paseo y bicicleta, día de grillos y mayo, dispuesto a demostrarme una vez más que yo tenía que aprender muchas cosas de la vida, me urge ante la extensa pradera: "Anda demuéstrame lo que sabes". Y ante los negros insectos y su canto de élitros, margaritas, amapolas y vuelo de palomas torcaces, guardé un largo silencio. Silencio que más tarde sería la base esencial para poder escribir poemas. Gracias padre por tus perentorias y exigentes palabras para que yo fuera un hombre solo ante el paisaje primavera y dulce de la vida.

domingo, 26 de mayo de 2019

Confidencia

.-¿Sabes una cosa muchacha?
.-¿Qué?
.-Que yo mojo las fresas en vino blanco.
.-¿Y qué? Una extravagancia más.
.-Ya, pero soy muy feliz. Es como mojar pan en el sol y tomar luz por la boca. Y si esto lo haces frente al mar, es como si entendieras el navegar triste de los peces.



sábado, 25 de mayo de 2019

Los días de amor

¿A qué nos estamos enfrentando?, pregunté. Y yo pensé con ella. Y ella pensaba conmigo. Mientras me alejaba, dando un rodeo de silencio a las cosas infinitas de la vida, la oí decir: “Eres una delicadeza excesiva y exquisita. Una brutalidad esperpéntica. La contradicción, la paradoja. Todo hipérbole.”

Quedé pensando en sus palabras. ¿A qué carácter excesivo y exquisito (tal vez una excesiva nobleza, como pudiera ser la actitud de un árbol que va a ser derribado por un hacha y permanece inmutable, resignado) nos estamos enfrentando? Creo que en esas palabras pronunciadas por ella había un camino infinito que yo había recorrido durante medio siglo, y el cual ahora recorremos juntos todos los días. El camino. La manera de estar en él. El poema latiendo. “Aquél anciano ciego sentado bajo el almendro, que abría las almendras con las manos. ¿Cómo lo haces, le pregunté? ¿No ves que soy ciego?”. No ves. No veo.

Volví a mirarla. Sus ojos miraban a mis ojos. Y dije: “Te alimentas de mi no.” Y volví a decirle, esta vez con la boca cerrada, para que pudiera oír mis pensamientos: “Te vistes con la luz apagada, sentada sobre la cama.” Pero no me oyó. No ves, ciego.



miércoles, 15 de mayo de 2019

Poeta

Poeta, para oír el leve roce que produce la piedra en su pacífico frotamiento de durezas, incluso las desavenencias con otra piedra, y por qué no, el sonido a semillas de las muelas del molino en su masticar íntimo, tienes que tener las manos inmersas en harina.



miércoles, 24 de abril de 2019

Semillas

De dos en dos. A dos lenguas.
Y enredados de mejillas, lamo tu pelo
y hueles a pájaro húmedo. 
Mimbre tensando mi avellana,
la dejo sobre el plato.
Rozo la piedra y con sus dientes
me abro la boca
dos a dos, como de la tuya
y hueles a vuelo,
y ya no estás,
trago mi lengua,
no hablo.
Lamo tu silencio,
y rompo la cáscara oscura del fruto seco.
He puesto primavera sobre la mesa,
sobre el mantel de comer los dos.
No hay nada hambriento sobre los platos
sólo mi avellana abierta,
dos a dos,
sus dos mitades
como bultos insignificantes de la carne,
rodando como fiel alimento sobre el cristal.
Mojas con saliva tu mitad,
a dos lenguas,
y en el fondo del plato hay lágrimas.

domingo, 21 de abril de 2019

Patio

Qué triste comer en un patio rodeado de flores que te observan asombradas, mirando al mar y ver que el horizonte es una línea, prohibida por sagrada, que nadie se atreve a traspasar. Ellos a un lado y tú al otro y así las distancias se sumergen en esa profundidad marina, donde diez y seis rosas más tarde, todo se movía como un ala al viento de poniente.

Pájaros

Acaba de llegar una pareja de jilgueros a mi terraza a picotear hibiscos. Y me ha echo tanta ilusión verlos con ese nerviosismo heredado del colibrí, que he pensado en contárselo a todos ustedes, pero luego me he dicho, bah! para qué. A quién le puede importar una pareja de jilgueros de los que no tienes ninguna prueba de su existencia, y por tanto tus palabras tan solo muestran tu capacidad de fantasía. Las palabras. Ellas, tiernas y peligrosas. Huidizas como jilgueros.

Así que he desistido de contarles nada sobre la belleza de cómo una pareja de jilgueros llegó inquieta picoteando los hibiscos rojos de mi terraza. Lo siento. Tal vez un día les cuente cosas más sencillas de la vida. Como que ella estaba en las alas amarillas de los jilgueros, y que yo tan sólo soy un gorrión de vuelo corto.

sábado, 20 de abril de 2019

Vienen entre olas..

Vienen entre olas
traídas por el mar
hasta las playas olvidadas
desde países inventados
botellas de cristal transparente
conteniendo todas ellas
los ojos de aquellos
que no quisieron ver
el agua de la noche
los fondos marinos
el hogar de la sirenas
las simas donde yacen
los barcos perdidos
y las flores muertas
peinando el cabello
de los amantes ahogados.


Error

No dejes de equivocarte
equivócate siempre
comete errores
sé torpe
no aciertes nunca
déjate llevar por el error
si alguien quiere salvarte.
Ya vendrá a corregirte
el que sabe más que tú
y si no espera a que te expulsen
de la tribu por insistir en una roca
que todos odian
y algunos arrojan con fuerza
al abismo de sus almas.
Sé el error que nadie soporta.
Híncate de piedras
con una hache de cruz
a las espaldas
elúdete a ti mismo
fracasa de ti
deja que ellos comprendan
mejor que tú el acierto
y por favor
para que no entiendan el tuyo
no veas nunca el error en los demás.
Insiste en él
y no desfallezcas de soledad
insiste en el error aunque sepas acertar
cuando nadie te mira.
O cuando todos duermen.

Desiertos

Cuando aún no se habían inventado las sombras, el hombre moraba en el desierto de la vida y también en el desierto de sinuosas dunas, de manera natural, sin protector solar y sin palmeras. Vagaba de la ceca a la meca (volveremos a nuestro lugar) y todo era silencio. A veces se paraba a descansar e incluso comía. Un día oyó un murmullo y un vecino de oasis lo llamó conversación. Pero este hombre hecho de sol y arena hablaba consigo mismo. Era el portador vital del dialogo. Aunque muchas veces se regocijara en exceso en el noble arte de la lengua y su murmullo tan sólo fuera monólogo. Pasado el tiempo lo encontraron abrazado a un pellejo de cabra que había usado como botijo. Había muerto de sed, con la lengua seca como un esparto y con sonrisa de hiena, animal que siempre le acompañaba en sus rutas a cierta distancia, tal vez por empatía. Cuando le despojaron de sus objetos personales para hacerle más liviano el viaje, y también para que descansara limpio y sin avaricias en el mundo de los que ya lo tienen todo, encontraron entre sus ropas un papel escrito con caligrafía de analfabeto que decía:

"Esas muchas personas que nunca te hacen preguntas. Y si no te preguntan ¿qué le cuentas? Juegan con una ventaja que no me parece equitativa en el marco incomparable de la relación, o intento de relación: que es posible que le cuentes algo que no les interesa. Y entonces me surge una pregunta: ¿qué puedo contarles que despierte su atención? He llegado a la conclusión de que nada. No quieren que les cuentes nada. No te hacen preguntas porque no se hacen preguntas. Da gusto compartir silencio con estas personas de tan elevada soberbia discreta. Todo es remanso. Y nunca te aburren. ¿Crees que a mí me apetece demostrar mi inocencia?".

Y a solas andas..

Y a solas andas
y acaso te entretienes
con recuerdos fatuos
que arden en el hielo
y alguna tarea que te impones
desde la mañana a la noche
y el tiempo pasa
como un peso muerto
que llevas a la espalda
y asolas tienes
una responsabilidad de ti 
que no compartes
y ante la ausencia del otro
las cejas arqueas
que preguntas te haces
que nadie responde
han llegado las flores
como si fuera primavera
y ahí fuera no hay nadie 
que serene el aroma
de unas rosas cortadas
sobre la mesa sola.

Y a solas andas
y en eso si caso
te entretienes.

miércoles, 20 de febrero de 2019

Emulando a Tarzán

Si compartes sofá con un tigre
cuantos sofás son necesarios
para entender la lenta agonía
de unas rosas rojas
en un jarrón metálico y formal
a las doce de la mañana
cuando un sol radiante entra
por la ventana y al fondo del paisaje
se ven unas hermosas
y cristalinas cataratas.

Sostener la mirada
al tigre cuando este ponga
su descomunal zarpa
delante de tu cara.
Y mantener el cuerpo recto
contra el respaldo del sofá:
su periplo de selva
deslizándose lento por tu espalda
como una liana de raíces trenzadas
balanceándose en el fondo
brillante de los ojos del felino.

Y dos: Si usted es un buen observador
podrá comprobar que una gota de agua
nunca intentará traspasar el cristal
ya que según su código genético
esta acción invasora es considerada
una redundancia. Deslizarse por tanto
es la manera culta aprendida por ella
a lo largo de los siglos
para adaptarse a la caricia.

Breve universo para una noche de bailes

Allá se ven iguales medusas y otras algas,
acá anémonas iguales
que espinas tristes vieron
murciélagos sordos
que nadaron el agua
de aquel aire.

El plancton y los recuerdos
mezclándose a la par
se hacen distintos,
forman nubes que a la vez son magmas
de una sombra espesa que obligada
por la luz, por la lluvia obligada,
por la voz oprimida, se hizo eco,
a solas algo se oyó en la niebla,
la voz se hizo voz,
la voz inconsume,
incombustible, ardiendo,
la inacabada voz de un ruido
que arremete, entra y sale de tugurios,
en un vómito de arqueados bosques
o derruidas urbes.

Y monocorde y errante
el hombre,
sediento de nalgas y caimanes
se abraza a una sospecha,
besa a un jíbaro que vende iguanas,
se consuela disperso,
aplaude a una pareja de esqueletos
que bailan en la cálida noche
con brío de tristeza,
a ritmo de cajones y tantanes.

Y después nada ni nadie
va a disponer por ellos qué manteles
qué vasos, qué sillas a su mesa.
La cena, la cena,
la sirven en dos lágrimas,
en dos cuencos de risas,
la cena que con ellos cena.

Abajo continúa la calle.
Persiste iluminada.
Bajo farolas de caimanes bailan tango
una pareja de monos amaestrados
de aquellos que Fafka previamente
informó con decencia a la academia.

Y el nombre insiste
que no quiere
dejar
de ser
eterno.

Y en el mar
se recombinan se abrazan
medusas y otras algas
y todo se hace espeso.

Salvaje y mudo

Pregúntame desde la lejana penumbra
en la que me oculto
por el amargo paisaje que me hospeda.
En las sombras verdes y húmedas
yo dispongo de un minuto
para salir huyendo hasta la jungla
donde tengo el eterno refugio
del animal triste y herido,
el cubil del incesante viajero
salvaje y mudo
que comparte guarida
con otras fieras.



Tu vientre es una playa

...tu vientre es una playa
sin redes ni barcas
sin bañistas
suave y lisa
con la yema del dedo
toda su extensión
recorro
las huellas que dejaron otros
las beso
con deleite y envidia...

...toco tu pelo
su negro esplendor
las llamas del sol
transitando entre el vegetal
carbón de los cabellos
con él druidas y magos trenzaron
una danza de nubes y velos
que despeinada bailas
con el sexo encendido.

Cuerpo incierto

Demasiado explicito
desde un desnudo incierto
el cuerpo tendió a taparse
miró a no verse
tendió a fraguarse
huyendo
a las tumbas de mármol
donde insiste
y finge
como un cadáver feneciendo
entre raíces de acero y piedra.

Entremezclándose permanece
hasta el final de un tiempo
incierto.

Máscaras

                                     Todo estaba escrito en tu rostro
                                                                 -Cristina Peri Rossi-

Todo estaba escrito en tu rostro
como en el agua la lluvia,
si no quise tocarlo
fue por miedo a saber
qué máscara líquida cubría tu cara,
la misma que contenía los millones 
de rostros de los otros.



Lento muy lento

Lento muy lento acudo en pos de la luz
ahora que hay un aire abandonado
voy recogiendo basuras blancas
que trae este viento de invierno.

Se mueve el día y se mueve la noche
se balancea el ciprés y el agua
y se balancean mis dedos sobre el hilo
blanco de las retamas muertas.

Invento un paisaje y lo recorro con otros
ahora que voy lento muy lento
solo no soy nada me hundo en aquel
que lleva flores blancas entre los brazos.

Los inservibles

Los defenestrados, los inservibles,
los señalados, los marcados con tiza
en la espalda que palmeó el amigo;
los incapaces de ser útiles 
nos sentimos vivos estando nulos,
como ausentes somos precisos
para renuentes artificios de imaginería:
las lentas procesiones de la traición.