martes, 16 de septiembre de 2014

Un beso de bruja

Del alfanje brota sangre
su filo es el reflejo de un rojo manantial
que chorrea tristeza,
un pasado de flores muertas
y naves que se hundían
una tarde, una noche ahogándose
en preguntas,
sin abrazos ni amigos
ni una mano de hombre
ni una voz de mujer.

Ni un beso de bruja que levara el hechizo
como se elevan anclas
para llegar tan lejos
que al mar no le quepan dudas
que hoy estoy guerrero cual poeta
cargado de batallas,
como mañana estaré viejo
retrato de un pasado tejido con los hilos
de esta fascinante trama.

Y aunque me vaya a pique
mi cuerpo se merece una horda salvaje
de novias encendidas
y patios blanqueados
pues así muere conmigo
un hombre ciego
que no supo porque no quiso
mirar a las estrellas.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Esponsales

María José, con este blanco tan rojo
te desposo
te despojo
te visto
de mi desnudez.


sábado, 6 de septiembre de 2014

Aquella pradera prometida

Lascivos caballos huyen de la primera cuadra,

del segundo pesebre vienen
con el hambre de un hombre sin quijada.
Recorren con su pie de atleta,
con su pezuña de roca,
los surcos o las semillas
que en azul discordia confunden
con su troje nutriente,
con las olas exaltadas
de un disconforme mar.
De la sal de un trigo líquido
se alimentan.

A media luz salieron a mansalva
treinta y tantos caballos de la noche
llevando herraduras de fuego entre las crines
maduras manzanas en los belfos,
un carro de fuego los presume,
una barca de viento los malsana,
ellos buscan las rutas marinas
en la hierba azul que los proteja:
aquella pradera prometida.

martes, 2 de septiembre de 2014

Aquellos otros libros

Caminé, caminé
con tregua o sin ella
sabiendo que era considerado
un signo galimático
con el que había que ser condescendiente
o una marca en la nieve
que había que ignorar.

Estoy harto de historias de derrotas.
Me producen melancolía,
y tanta melancolía
trampas y bodoques habitando mi lengua,
o algún bordado dulce
sobre la tela más leve.
Bajo la sombra de un árbol negro
permanezco.

Ardía el sol y mis libros iban y venían
rodeados de miedo y también de temor,
siempre refugiados en nobles anaqueles
de escayola pintada.
Entraban y salían,
sobraban,
se incendiaban
y luego quedaban profundamente dormidos
dolidos y cansados.
Esos libros.
Siempre haciendo cosas imposibles
para que yo fuera libre.

Llega hasta mí la humedad de las hojas muertas
ese dulce aroma de los cuerpos
sonando muertos cuando caen
apaciguados por el cardinal otoño.
No acaban aquí sino que empieza
a crepitar su carne de papel
como la madera o la felicidad.
Ahora la nada toma cuerpo
y todo se agranda en el contrario.
El otro nos distingue.
Leo libros
que luego regresan obedientes
a su aparente silencio de baldas y anaqueles.
Murmuran entre ellos
se ponen de acuerdo.
Y a ratos me desprecian.

Llovía sobre la ciudad bombardeada.
Hay belleza en las paredes ametralladas.
Las ruinas son plásticas,
tienen la textura de un temblor,
el escorzo de la piedra rota,
aquella piedra mil veces hecha lasca
para conseguir el filo preciso, amenazante,
hasta que matara. A aquél otro hombre.


sábado, 30 de agosto de 2014

Otra niñez, aquél álter ego

Meto mis manos en la tierra,
sujeto la parte negra de los recuerdos
entre mis uñas,
trasplanto la maceta de hierba luisa
que se secó en Lugo,
el recuerdo apaciguado que mi madre trasplantó
en la infusión líquida de sus cotidianos disgustos.
Hay una voz susurrando en Mondoñedo
un sosiego de hierbas
más verdes, más bosque,
que cualquier recuerdo
de la voz apaciguada de mi madre.


Yo vengo de la oscuridad del franquismo

Yo vengo de la oscuridad del franquismo,
arrastro un velo oscuro,
una sombra,
una permanente y dolorosa duda:
¿a quién pongo a escuchar esta oreja
amputada de lengua?
¿De qué luz venís vosotros
que aún es noche en mi pueblo?

¿De qué luz vienes
que dices que me amas?


miércoles, 27 de agosto de 2014

Torzal

Aquí hay un poema que echa pestes,
un poema que echa gases rojos
y azules
por la boca.
Es un dragón indultado
por el frío de la noche.
Abre tu mano y sujeta el mimbre
de mi cintura
contempla las veces
que el fuego se apaga,
contempla el trigo que nunca germina
y la hoz que lo madura.
Aquí hay un poema que echa
fuego por los versos,
indultados, sosegados,
y unas manos que aúnan gavillas
con los viejos torzales 
que nos ataban.

Mira la mano abierta del que te ofrece.

martes, 26 de agosto de 2014

Jazz

Suena a menudo
suele sonar pocas veces
mas cuando lo hace desde el inicio profundo
que todo lo sustenta
arranca de vísceras fundamentales
y de una historia de selvas y negreros.
El grito se traslada a todo el organismo
latiendo postulando arremetiendo
gimiendo contra paredes de sangre
diciéndome a mí y a todos:
ojalá que la noche te deje abandonado
bajándote a ese infierno descifrado por el metal:
la dulce boquilla de lengüeta transgresora
como un bisturí en el espejo
rotulando la cicatriz perfecta.


miércoles, 20 de agosto de 2014

Alias

A lo largo de mi vida
fui firmando poemas con nombres falsos
y algunos conocieron a un "Tomás Rivero"
que a mí me era desconocido.
Mi nombre nunca apareció
en los papeles. Conseguí ser anónimo.
Un franco y sincero tirador de poemas al agua,
como hombre al mar, con viento en las solapas.

¿Qué pretendía?
Sinceramente: escurrir el bulto,
este bulto sospechoso que despierta el recelo
de lo que se ignora.
Pretendía dar la cara de otro.
Odio la gloria. La fama. Ser señalado:
"Ese es el poeta que no merece
ni su nombre de pila, y menos el de poeta".

Quería ser un desapercibido. No estar.
Ser un anónimo. Dos. Tres.
De eso se trataba.
De esta manera al morir yo
ellos quedarían aquí
puesto que yo siempre dudé de mi existencia.


domingo, 17 de agosto de 2014

LOS EXENTOS

Estoy en la playa y observo que estoy solo. Llevo ocho días nadando con una manada de anémonas. Dicen que algunos poetas podemos. Les dejo un poema de ausencias. De huidas.
Vuelvo al agua.

Y anida o nace un águila
en la boca secreta de tu sexo
-José Ángel Valente-

Los exentos de ti de mí o de otros
los excusados de tantos
recalan en la memoria de los pájaros
y desde sus pequeños corazones
agitan su miedo levantando un ala de niebla
en el rudimentario rostro de la ciudad.
Tal vez sean los huidos,
los de nadie. Los excluidos.

Soy un poeta ignorado que lo único
que quiero saber es que existo para saber
porque existir para saber me hace
inservible monótono innecesario
una mota de polvo en la oscuridad salvaje
de la urbe
que comprende el uso infinito del fin.

El día y la noche fueron remplazados
por un silencio prolongado y líquido
el corazón del pájaro susurro
fue sustituyendo el ruido del viento
por un golpe sordo de alas desplegadas
alejándose de los hombres para siempre.

Desde el círculo polar se elevó un cero
que anidó en la boca secreta de tu sexo.
Y siempre se hizo pronto
para conocer el sabor azul de tus cosas. 

miércoles, 13 de agosto de 2014

Soledad

La única forma perfecta del amor
es la soledad
(cuando ante la pútrida rosa de la infancia arrasada
no reconoce límites el odio).
-José Ángel Valente-

Sobre el tapete de hilo dulce hecho de azúcar
y flores amasadas con jazmín y leche
se fue depositando una sombra
que llegó caída de una penumbra ácida
y fue cubriendo la mesa de polvo amargo.
Y el tiempo no sabiendo contar las horas
los meses o los años
se fue aburriendo en el zócalo azul
de la fría sala
en la tristeza gris de aquel abandono
muriendo de pena con la llegada de la noche.
Una voz oscura reina ahora
en la hermética soledad
de los armarios.

lunes, 11 de agosto de 2014

Silencio

Son las 8'52 a.m.
y salgo al patio a fumar un pitillo.
Se ha levantado la bruma
que había sobre la playa
y he pensado: "Mi compañera
cuando folla baila".
Una golondrina hace trinos
posada en un alambre.
Hay rocío sobre unas buganvillas.
Un poco más allá
el resto del paisaje
guarda todo mi silencio.


domingo, 10 de agosto de 2014

Entramado

Amado, ¿sabes cómo era mi alcoba?
Sabes si tenía un velo de hilo azul?
Sabes si yo tenía un hilo azul
para ti?
Amado, ¿sabes si mi alcoba la preparé
para ti?
¿Si mi alcoba tiene un bordado blanco
sobre tela azul?
¿Qué es lo que sabes de mi entramado de hilos
cuando entras en mi alcoba, amado?
Amor, dí lo que sabes de mí
antes de entrar.




Hay una ciudad que me espera en el sur

Hay una ciudad que me espera en el sur
-Pilar Pallarés-
  
Vente conmigo al sur.
Pondré albahaca para ti
en los rectángulos azules de la cal,
en los quicios sin alma
de las ventanas.

Vente conmigo al sur,
tengo naranjos en el paladar,
jazmín húmedo en los dedos
y poemas cosidos con hilos de luz
entre las escandalosas manos.

Vente conmigo al sur.
Quiero mirar el mar mientras te bañas
y por un instante me abandonas.


sábado, 9 de agosto de 2014

Apenas un poema

Apenas una palabra,
como una voz
que te habita desde lo más hondo,
roza la noche,
la soledad torpe de la noche,
una palabra cogida al azar,
que escuchaste en tu oreja sorda,
o leíste en tu libro mudo,
y piensas en esas viejas historias
que cruzan la vida
y que van de aquí para allá
turbias, oscuras.

Y el día te encuentra
solo
sin amigos,
en brazos de una mujer que no recuerdas
dónde, a qué hora la conociste,
y huyes de allí
sin una caricia o el sabor de un beso.
Regresas caminando hasta casa
con un ansia dolorosa de madrugada,
sabiendo
que aquello que podías haber
sentido por ella
ya no sirve para nada,
pues tú siempre vives solo
y nunca nadie te acompaña
o desea.
Y nunca,
por cuestiones de principios vanos,
acumulas afectos
dependencias
o recuerdos.

viernes, 8 de agosto de 2014

Habilidad

He perdido el libro de instrucciones
y no sé amar más allá
de lo que me dicta la memoria
y un leve regusto manual
que los hedonistas llaman habilidad.



miércoles, 6 de agosto de 2014

La huella serena de mi mano

Poniendo lavadoras aprendía a quererte,
tendía tu recuerdo y la belleza húmeda
de tus telas,
esos tejidos de hilos que nos unen,
colgando tus blusas,
tu ropa interior,
aquellos vaqueros
que te sientan tan bien.

Y el sol lavaba con luz
un beso imborrable
en ese lugar intangible de felpas,
enjuagaba con vapor de sueños
la huella serena de mi mano
tocándote.