los señalados, los marcados con tiza
en la espalda que palmeó el amigo;
los incapaces de ser útiles
nos sentimos vivos estando nulos,
como ausentes somos precisos
para renuentes artificios de imaginería:
las lentas procesiones de la traición.
Tal vez no acabe nunca de hacer este poema. -J.M. Caballero Bonald-