miércoles, 12 de septiembre de 2018

Pájaro de los plagios

Pájaro que cuando vuela
bajo sus alas guarda
el espectro blanco de la luz
como un recuerdo secreto,
como una pulsera de plata
guarda esa inscripción,
las fechas del vuelo,
huellas de infortunios
que fueron cosidas por el orfebre 
con las arenas del aire.

Pájaro sin lengua de luna
pero con pluma de aguas
y en los ojos, brújulas como alfileres
señalando el comienzo y el fin
de todas las migraciones.

En el cielo una estrella fría
ha comenzado a quebrarse
y su brillo es una apagada huida.
Todo fue nombrado de manera fugaz,
finalizó el vuelo del pájaro
cuando el ocaso fue dejando
todas las ausencias numeradas,
como pérdidas infinitas de picos
en desbandada,
trazando en el cielo una ruta
de vuelos blancos y nieve sucia
licuándose al calor fermentado
de los estiércoles del hombre.

jueves, 30 de agosto de 2018

Yo vengo de la oscuridad

Yo vengo de la oscuridad
arrastro un velo oscuro,
una sombra,
una permanente y dolorosa duda
y tres preguntas
que jamás buscan respuesta:

¿A quién pongo para que escuche
esta oreja mía amputada de lengua?

¿De qué luz venís vosotros
que aún es noche en mi pueblo?

¿De qué luz vienes tú
que dices que me amas?



lunes, 27 de agosto de 2018

Edad y literatura

Hay días en los que uno empieza a amar más la literatura que a las mujeres. Y desde esa "desajustada complejidad" es totalmente comprensible y asumible el paso del tiempo: la edad como un pesado fardo de libros sobre el vientre.

Pasos navegables

Si utilizas el filo de las maderas
te conviertes en barco y eres la quilla atrevida
de un humilde navío cortando el agua
navegando hacia un fango denso
de alevines perdidos en torpe chapoteo.
Vete al mar.
En el mar se administra el ritmo de las músicas
y el oído
hace un ruido de persianas cayendo sobre el océano
y desde allí medir con sotas de espada
la distancia sonora que nos separa de las aguas
corregir las rutas navegables
mesurar la sed
y que en sus arcas lleven la paciencia de las travesías
que cauterizan los pasos errados de los hombres.


domingo, 22 de julio de 2018

Julio

A veces no sé amarte
por eso aprieto un pez muerto 
en cada mano.
Solamente hago el amor una vez a la semana.
Los patios no eran azules bajo aquel cielo.
Tenías un vestido amarillo
y unas cartas grises en un armario.
Detrás de cada queja hay siempre un beso.
Cada cosa en su sitio anuncia una duda.
O cuando crees que un gesto
es suficiente para terminar con todas ellas.
Yo represento el amor porque soy
un caballo rojo sin herraduras
y tú una gitana desnuda
en una playa a la que el mar arroja tritones.
Todo cabía en un papelito doblado
del tamaño de una pequeña libreta.
Palabras sencillas garabatos humildes
hechos con la tinta negra
de un nublado recuerdo.
Solamente soy feliz una vez a la semana.
Pobre felicidad mía sometida a estos
caprichos tristes.

jueves, 5 de julio de 2018

Solos

Cuando los ordenadores se apaguen
y nos quedemos solos
será hora de mirar si entre los dedos quedó
alguna tecla abandonada con su nombre,
si aquel o ella
siguen acariciándonos las yemas de los dedos,
si entre las uñas un manantial de recuerdos
brota de aquel pasado de gente aturdida
buscándose entre las páginas de grafito,
que volaban tiernas a la velocidad de la luz
hasta los rincones más lejanos del planeta,
dibujando en las estrellas los rostros de silicio
de tantos solitarios al pairo azul-eléctrico del abandono.

Si entre los dedos quedó algo de la memoria de alas
de aquel icono que trasladamos
a los ojos de nuestra noche eterna:
se trataba de comunicar con solitarios corazones.
Será hora de mirar si alguno de nosotros
aún queda vivo de este miedo de teclas abandonadas
que han dejado de llamarnos por nuestro nombre
y somos un caso triste de la historia.

Comprobar que la pérdida de la caricia es sólo pasajera
y que dentro de mil años
los besos serán fríos, limpios y precisos
como el filo transparente del acero.

Diseño

Cuando ella se desnudaba en una pradera angosta del Courel salía el sol en la alcoba azul de una pequeña ciudad de Pekin y los campos de arroz próximos a la gran urbe se llenaban de pájaros amarillos y rojos. Y si acaso me besaba se producía un largo silencio en las carballeiras de Abandos. De todo ello quedó como testigo mudo un arroyo de agua que corría lento en busca del mar de los Sargazos, o de los pantanos de Indinuán infestados de nenúfares, cerca de las montañas negras de Cárpetas.
Mas no tomaron notas posibles amanuenses y la historia se perdió para siempre llevados los manuscritos por la corriente pedregosa de una tormenta que dejó 120 litros en una hora de olvido y silencio: aquel paisaje cincelado por De Chirico se hizo a imagen y semejanza de los paseantes. Llueve en Santiago el dos de Julio. Vine hace años a la ciudad de Algo a construir la vida. Aquí, donde la vida corre a raudales, agua y bosque. A eso vine. Fui soberbio. Pretenciosamente revolucionario. En mis límites, diseño emociones en la cocina de las grandes modistas de la alcoba, y hay seres solitarios en cada mesa de las terrazas abarrotadas de verano. Seres que se preparan para el invierno de sus vidas calentando sus huesos aprovechando un rayo de sol entre las nubes. Su piedra interior, la del eco, la que repite: Nunca debiste quemar todos lo navíos.


viernes, 8 de junio de 2018

Huida

Me desperté despacio
e inicié otra huida
salí de mí
y tuve que recoger
de la casa algunos libros
que até con tu nombre
después de amarte
como el que busca en la carne
una puerta abierta.

lunes, 14 de mayo de 2018

No olvides nunca

Las lentos paseos junto al mar
de Foz
o las bicicletas de aquel carnaval,
las palmeras del sur,
las golondrinas blancas del norte.
Espero,
la espera tranquila
las horas blandas
el pasar de las vidas
y los gorriones rojos
desaparecidos en batallas de amor.

Las mañanas de julio
aquel café de atribulados
toldos
la lectura frente a un libro
y la mano feliz
que sujetó los vientos de levante
callejeando entre patios
tu sombra y tú.

No olvides nunca tu nombre
y deja que los árboles te reconozcan.







Naranjas

Tenía que escribir. Una voz como siempre dentro, hablándome. El recuerdo de mi madre diciéndome. A mi madre le gustaba pelar las naranjas con las manos. Los dedos se manchan de una fina y salpicada capa blanca. Ese chisporrotear de la naranja al trocear la piel. La piel rota. Nuestra piel. Por ella entra todo lo que produce placer y frío. La falta de cariño. Ganar cariño. Como en un juego de azar. Jugar a amar. Que el cariño te toque. La naranja te produce frío. Mamá no. Las pelaba con las manos. Después me acariciaba con ellas y yo olía a naranjas. Ella ahora es un montón de naranjas peladas. Mondas. Pieles completas secándose colgadas de la pared, del clavo que sujeta a su vez un calendario de 1963. Yo nunca supe hacer arroz con leche con su correspondiente trocito de piel de naranja. La canela. Aún impregnando mí piel el olor a canela. Siempre suceden cosas en la piel, casi todas las cosas del amor pasan por la piel. Filtra los afectos. Los rechazos. Me siento querido. Pero nunca llega suficiente cariño para esta carencia de canelas en la espalda que sujeta mi tiempo vital. Mi espacio vital. El cariño. Dejar que alguien pase a través de tu piel. Su caricia. El olor del arroz cocido en leche, canela, naranja. Mi madre. Este silencio.





lunes, 7 de mayo de 2018

Vuelos Invisibles

Cuando comencé a entender la mentira
dejé de ser niño,
pero busqué la belleza para protegerme,
huellas sobre la arena,
el eco de un sonido lejano,
un libro con un silencio dentro.
En un país extraño
hay un vencejo que construye su nido
con saliva transparente, casi de cristal,
pegado a rocas inalcanzables.
El hombre escala esas rocas,
se descuelga por simas
y usa esos nidos como alimento.
Se cura así de la nostalgia de volar,
su deseo de alas invisibles.
Mientras, yo descubría una tarde
que eras una verdad imprescindible,
mi abrazo de agua y soledad.
Había comenzado a ser un hombre
que se acunaba en tu vientre
con alas transparentes de vencejos,
mi deseo incontenible de querer volar.

miércoles, 7 de marzo de 2018

Involuntario

Sabedlo: hay posturas imposibles,
como la de ese brazo diestro
que hoy se levanta indisciplinado
y se queda holgazán y remolón
al sentido obligatorio de las cosas.

Y ya no vive en ti con la costumbre
que al gesto se deba,
en una coordinación articulada
de movimientos siempre a favor
de que el vaso de agua
no se derrame en contra de los días
maravillosamente harmónicos y equilibrados.

Y el brazo se hace más libre que tú,
se independiza de ti,
y sus movimientos corresponden
a un ánimo que nunca compartiste.
Y es él, tu brazo, que ahora se dispone
a cargar la pistola y sonríe porque observa en ti
un temblor, evidentemente involuntario.

martes, 16 de enero de 2018

El invierno al sur

He sido el dos de espadas y el nada de oros,
obrero asalariado y también gratuito,
-Erri De Luca-


Leer a Erri De Luca al sol
poner piedras de invierno
en los tiestos de hibiscos
para que los vientos de la mar
no arrastren la tierra,
tender ropa interior o camisas
en la cuerda blanca de nylón,
y mirar al cielo azul,
la línea también azul de un mar con horizonte
al alcance de la mano,
mirar a la lejanía y no ver nada más que lejanía
mientras unos pájaros negros se posan y cantan.

Pintar los faroles negros del patio
o barrer las hojas secas del pelargonio,
contar las olas y escuchar el silencio,
roto de vez en cuando por largas campanadas
de una iglesia antigua y acomplejada,
fumar y oler café recién hecho
mirar al suelo y ver sólo suelo
y dentro de la casa amontonados y pacientes
libros libros libros
donde leo a poetas vivos casi todos muertos,
dormir sin fecha ni hora
y poder levantar los mostrencos huesos
hasta la ducha y las flores y la playa cercana.

Leer a Erri De Luca.

Llevo unos años que no hago nada de provecho

Poeta u hombre
o persona que tropieza,
vete haciendo una idea de cómo
será tu muerte,
tendrás un temblor en el parpado,
una levedad de nácar frío
bajo la flacidez de tu labio inferior,
sentirás un camino de piedras
en el estomago
y una fiebre de evidencias en las sienes,
y en los brazos el calor abandonado
de un miedo extraño.
Y ella o él tan sólo será un recuerdo
no más largo que aquel beso,
junto al cesto de cerezas.



Escenario lírico contumaz

No hay nada preconcebido en mí
me levanto con la mano en los testículos
y organizo el día como me sale de los cojones
ando y subo bajo y cojeo
de un pie diario y noctambulo
y así mido mis pasos y mis deseos
ajustando mi versátil devenir de escéptico
a la gramática de unas bisagras óxidas
que cada día abren una ventana
de pesadas hojas negras claveteadas en bronce
por la que amargamente vomito versos insanos
flores verdes amalgamadas con la feroz testosterona
de lo que queda de un hombre
que antes fue campana en los áticos
pedestales y almenas de la historia
en esta entramada patraña
más o menos trágica de un poeta recostado
al puto alba de los desprestigios.

La libertad tiene un precio.
Comienza otro día.

Buenos días

Buenos días España. Amarga y dulce verde y azul. Fría y tórrida. Luz templada como el filo azul de las navajas. Amigo gris y negro. Caen los días y todo es distancia y risa. Un pañuelo rojo olvidado en la playa. En algunas partes se muere con rabia y también con una tristeza infinita. Buenos días por nosotros. España. El norte añorado, el sur entre mis labios, y tú en ese horizonte como una fina línea separando el tacto dulce de las manos. Buenos días compañera transparente. Hermosa como un bosque de robles o castaños, de musgos inferiores, de helechos y humedad ligera. Que te llamas hermosa porque ambos lo queremos. Hermosa como yo, un soberbio lobo que habla con los hombres. O las fieras. Buenos días olvido. Cernuda. Y el beso crucificado de Vallejo.





sábado, 23 de diciembre de 2017

Vacío

Quererte a ti es asumir tu ausencia,
ese espacio en el que no estás
y sin embargo persiste en él
tu cuerpo
y el recuerdo de tu sombra
en un escorzo
tan liviano y frágil
que de él me llega
lejano 
el aroma que desprendías
cuando excitada rogabas:
no te vayas.



martes, 12 de diciembre de 2017

Amo tanto la vida

Amo tanto la vida que sería inútil desprenderse de ella
sin dejar un rastro de miedo sobre las duras
piedras de la calle
y allí donde nadie espera que uno caiga
allí precisamente
escribir los mejores versos
apoyado sobre la mesa de madera
mojada por el vino derramado.

Y allí al calor tibio y feliz
no por casualidad
el pan y la sopa es gratis y está caliente
por lo que he decido escribir escribir
porque puedo estar mejor
y fumar tabaco y beber café.
Ahora depende de vosotros
que tenga una cama limpia y unas mantas
el resto será responsabilidad del verso
y unas cuantas hojas de papel
grapadas con energía y optimismo.

Así se va escribiendo la poesía
y se endereza el rumbo de la vida
y los árboles vuelven a crecer
torcidos como siempre
a pesar de los reglones mansos de la vida.

domingo, 10 de diciembre de 2017

Seudónimo amor

Ella me nombra azul
y cal y sombra
pierna mano y oreja
parpados de ojos alegres
o toca mi vientre
y me pone en el pelo
el nombre de una letra
que fue encontrada por un árabe
bajo la arena del oasis
y con esa letra va desplegando
sobre el papel de mi rostro
los nombres de aquellos que la amaron
mientras me besa y escribe
en las pentágonas caras de la noche
líneas y trazos que sigue con el dedo
como se camina un surco en la tierra
diciendo para amarme
el nombre 
con el que antes nombró a otros.

Es hermoso
reconocerme entre sus brazos
recordando ternuras que recibió de tantos.
Y yo le susurro al oído:
“Quiéreme por todos los hombres
que te amaron.”