miércoles, 21 de diciembre de 2011

Bandas proletarias

Caminantes burdos y ordinarios
aguardan agazapados la llegada de la oportunidad
o la oscura sombra que pueda despertarles
de la siesta del sol,
para lanzarse a las pistas, las sucias calles
y lucir desgarrados sus mejores galas desgarradas,
y desde el traje de vestir recuerdos
recordar las palabras que la niñez grabó en la memoria
de cuando aquellas ruedas de carro
dejaban la huella de la llanta en el polvo,
de cuando aquellos viejos molinos obsoletos
giraban harinas en las aspas.
O la rueda de agua de la noria
cangilones dentados que mejoran
la función itinerante de la polea en su periplo
de soledad girando porque giran
por rumbos inciertos intentando averiguar
si muelen para moler itinerarios lobos
o equivocados destinos, el origen que está
haciendo que fluya aceite y vino,
el aullido que llevará al pastor al trashumante
hasta lejanas cordilleras.
El agua del arroyo en su silencio.

Pobres jíbaros sin destino,
bajarán luego al valle para pastar rebaños,
sudando bajo nubes de tormenta, un desvarío
de peregrinos en llanto y procesión,
porque trasladarse es morir bajo la lluvia torrencial
que se pregunta qué sed tendrá hoy el jueves,
o abril o este año crucial de baldíos itinerarios,
el hombre humilde y manso
allá en las multitudes
fundido con el tránsito
de caballos y mulas.
Un poco prole o tal vez proletario.

6 comentarios:

Hostal mi loli dijo...

Este poema tiene mucha tela marinera, la sensación de ser indivíduo entre la masa, la ausencia de un destino....Besos.

Tomás Rivero dijo...

Nos vamos a comer los mocos, Loli. Al tiempo. El hambre será del cuerpo, pero también del alma y del cerebro.

Besos.

Isolda dijo...

Desgraciadamete parece que has acertado. Pero no soy capaz, ni quiero, imaginar ese apocalisis que pintas en tus versos.

Besos con el vaso medio lleno, todavía.

Tomás Rivero dijo...

Isolda, a lo mejor no es el apocalipsis.
Yo creo que es un regreso a las fuentes.

Y decirte una cosa, creo que los optimistas nunca tuvieron razón. Y a veces la botella, efectivamente, estaba medio vacía.

Besos.

Isolda dijo...

Joder Tomás, que bastante desanimada estoy ya, ¿qué crees? ¿que no sé que tienes razón? Pues sí, pero no quiero verla, he luchado lo indecible para que no sucediera lo que ha sucedido. Aún mos quedan las autonómmicas. Si, ya sé que también las perderemos, pero si no ¿qué hago? Uyy vaya rollo, mejor me bebo lo que queda de la botella, jaja.
Besos.

Y encima veo que puse apocalipsis mal!

Tomás Rivero dijo...

El apocalipsis, es tan apocalipsis que uno tiene derecho a escribirlo mal.

Yo te entiendo, pero es que yo soy distinto.

Todos los que hemos luchado, hemos luchado lo indecible. Yo esquivé balas. Pero te entiendo. Y te dejo un beso como la copa de un árbol.