sábado, 21 de enero de 2012

Casa

Mi casa olía a orégano y membrillos
a carburo y migas, a ajos;
a queso portugués,
mi casa olía a jabón de sosa,
a colada y a cántaro de barro,
a agua fresca, a poleo, a gazpacho.


Mi casa olía a teja vana, a frío,
a sabañones, a tos ferina;
mi casa olía a invierno,
pero sobre todo olía a verano
a pelargonio y a higuera, a corcho.
A bolero, a “...están clavadas tres cruces”.


Mi casa olía a sopa de tomate,
a aceitunas machacadas.
A madre joven y fresca y risa.
Olía a cierta soledad de cortinas
echadas. A celindas.
Mi casa olía a un tiempo de frutos
y pasiones muy antiguas
que las llevo en mi corazón de corzo.
Mi casa olía a arriate. A vara de azucenas.


Un día mi padre cortó el lilo
que perfumaba el patio.

21 comentarios:

Íntimo fárrago dijo...

Me encanta. Y es verdad que la nariz es una caja fuerte, que si la memoria se escapa, ella tiene sus recursos, al estar blindada, siempre nos quedan los recuerdos de los olores. Yo recuerdo los olores de todas las cosas, hasta el del bolero '... están clavadas tres cruces'.


Besote apretado, señor poeta,


Nená

Hostal mi loli dijo...

Genial. Besos.

María Socorro Luis dijo...

Mi casa, ese lugar de entonces, olía muy parecido, pero sin mi padre. Y el lilo, siguió mucho tiempo, perfumando el patio.

Gracias, Tomás, has traído a mi mañana, gotas de dulce añoranza.

Beso

Tomás Rivero dijo...

Nená, yo recuerdo hasta el olor de las cortinas movidas por la brisa de las tardes de verano. Y tanto olores...el de los cumpleaños, la rompa tendida al sol...

Un beso, amiga poeta.

Tomás Rivero dijo...

Un beso Loli.
Dos.

Tomás Rivero dijo...

Mi casa, ese lugar de entonces,...
Me ha gustado que la llames así: "..ese lugar de entonces.." Para constatar que asumimos algunas pérdidas. Lo que fue.
Al menos, mi padre dejó el celindo, que siguió perfumando el patio.
Creo, casi puedo afirmar, amiga Soco, que se hace uno poeta para no perder jamás, la infancia.

De nada Soco, encantando de despertar tus recuerdos.
Un beso.

Inés González dijo...

Precioso poema, delicada evocación.
Te dejo de regalo un poema de mi padre, que habla también de La Casa


Qué mano secreta golpea
qué ruido de alas
atraviesa la tarde
no puedo nombrarte ahora
pasión o distancia
ojo desnudo bajo la lluvia
brazo de ternura caído
en las redes del tiempo
no volverás a dolerme
como cuando niño
me golpeaban los cumpleaños
o esa palabra trenes
me dormía en sobresaltos
no volverás dije
por esta calle
que ya no te reconoce
y esta casa
tan antigua como el amor
seguirá encendida
como una lámpara.

Si te apetece pásate por su blog:

http://singodisociado.blogspot.com

Saludos

Inés González dijo...

Puse mal la dirección, ésta es la correcta:

http://signodisociado.blogspot.com

Tomás Rivero dijo...

Gracias Inés, me pasaré.
Y que suerte, un padre poeta. Su poema es bueno, los últimos versos son bellos y melancólicos.

Un beso.

Isolda dijo...

Precioso el recuerdo. ¡Joder con tu padre! A mucho de eso olía mi casa en verano: a bolero, a ..."están clavadas tres cruces". Destaco este, como podía destacar cualquiera de tus versos. Me encanta la sencillez y la profundidad que se unen en tus letras. Este poema tiene un ritmo especial.
Besos de arriate florido.

Tomás Rivero dijo...

Mi padre, un tipo bueno, pillado por lo huevos, con el que no conseguí mantener una conversación medianamente sensata. Le disculpo muchas cosas.

Mi arriate de la niñez era una gloria de flores, tenía cuatro metros de largo. Y desde entonces persigo flores.

Un beso, Isolda.

Lokdos dijo...

Este particularmente me hizo click en el corazón... no sé porque, tal vez por el lilo que corto tu padre. Te quiero.

Tomás Rivero dijo...

Las flores que crecen en los árboles, son las más "extrañas" para mí. El lilo tenía tres metros de altura.

Un beso cariñosa.

Rocío dijo...

Está claro que la infancia de todo el mundo transcurrió en parte en un patio. Es curioso que casi siempre lo que recordemos sean olores o cosas pequeñas.

TOMÁS RIVERO dijo...

Está claro, Rocío. Nuestros "patios interiores", metáfora de nuestras almas misteriosas.

Leí tu "Re-cordis", en tu blog. Me gustó mucho, mucho. Y busqué este viejo poema mío que también tenía un patio lleno de luz y de infancia.

Claro, recordamos las cosas pequeñas y minuciosas, porque ellas se identificaban con lo diminuto, con nuestro universo contenido en un dedal, la belleza escondida en el vuelo de unas peligrosas avispas, muy cercanas a nuestra niñez; y que necesariamente tienen que ser pequeñas. Los olores acompañan a toda esa belleza.

Me encanta verte aquí. Palabra de honor, y eso que yo no tengo honor. Palabra sí.

Un beso, Rocío.

Eva R. Picazo dijo...

el olor perdura, casi tanto como la propia memoria.
besos

Tomás Rivero dijo...

Cierto, incluso la memoria está perdida, si no tiene un olor que recordar.
Las mujeres encuentran en otro hombre el olor que les dejó su padre en el recuerdo.

Un beso, Eva.

Eva R. Picazo dijo...

Yo no recuerdo el olor de mi padre, temnía yo 9 meses cuando murió

Tomás Rivero dijo...

Mala suerte, joder. Lo siento.

Lo cual no quita que tengas otros olores, que te orienten en la "búsqueda". supongo.

Un beso, Eva.

Eva R. Picazo dijo...

No lo sientas porque yo no lo siento.
Siento inginitamente más perder a mi madre con 25, ahí si hay olores, y miradas, y sonrisas, ahí si hay una vida entera Tomás

Pero que le vamos a hacer.... no me queda otra que enfadarme de vez en cuando y decir, quién lo decide? Por qué hay familias tan longevas y la mía me deja aquí, arañando la memoria y los recuerdos?

Besos

Tomás Rivero dijo...

Eva, te ha tocado la china. Quedarse huérfana tan pronto es una putada muy gorda.
La orfandad te obliga a recomponerte una y otra vez.

Un beso.