domingo, 4 de noviembre de 2012

El insólito enemigo

He mirado en muchos corazones
y hurgado en todos mis anexos,
he perdido en todas mis esperas
y otras vísceras menos nobles me han alimentado.
Su energía me daba fuerzas
para explorar largas autopistas hacia el sur.
He encontrado playas y el mar
en recónditas calas
ocultas al final de un romo acantilado.
He hallado una sensual soledad
en mi carne morena
y mi beso bronceándose
al sol de un manso tiempo.

Toda mi vida la he solucionado
con el otro, el que va conmigo
hacia ninguna y todas partes,
el contumaz mago
el plácido inquilino,
la silueta lánguida.
El insólito enemigo
que me ofrece treguas
si dice que me vence.

Yo, un poeta que a veces dice
y se desdice, disconforme
con ganas de abrazarse
a un ruido que siempre me precede
y ya se hizo costumbre.

8 comentarios:

Hostal mi loli dijo...


Me encanta eso de la sensual soledad, porque es lo que nos queda en realidad. Un beso.

Isolda dijo...

A fin de cuentas, lo cierto es que recorremos nuestro tiempo, solos con ese, que siempre va con nosotros. Gran poema y no me hables de nombres. La soledad es la esencia, todo lo demás, se da o no.
Besos de lluvia, Tomás

Tomás Rivero dijo...

No, en realidad lo que queda es el recuerdo de haber podido compartir esa sensual soledad al sol de un manso tiempo con otros semejantes que quisieron ver en ella el porvenir de algún dios. Y espero no ser, en el exceso, demasiado apasionado.

Besos, Loli.

Tomás Rivero dijo...

El otro, el que va conmigo a todas partes. El que me aconseja bien y mal, el que dice que me vence.
En la soledad entra sueño. Y otras una gran sonrisa. La soledad, ese lugar que sirve para reposarse y amar. Siempre es buena y alegre la soledad. Nos da de todo.

Un beso, Isolda.

Shandy dijo...

Yo no sé quién es mi insólita enémiga, si yo o la otra. Las dos se dicen se desdicen y se contradicen. Están tan imbricadas ambas que se confunden hasta en la sombra, en la soledad y el tiempo. Hay días que se enfadan y no sé cual de las dos tiene razón. Creo que en estos casos interviene una tercera: Ella. Uuuf qué multitud.

Poeta, me gusta ese ruido que "ya se hizo constumbre"

Besos de las tres:Ella, la otra y yo (para que no se peleen)

Tomás Rivero dijo...

Con las tres comulgo cada día en una comunión que me alimenta el alma. Todo es sagrado en la boca. Mis besos siguen bronceándose, y desde esa multitud necesito el ruido interno de la soledad y del tiempo. Y mientras me deslizo en la imbricada sombra, beso a tu insólita enemiga, que mía no es, aunque ambas se enfaden.

Vienen largas autopistas de luz hasta este norte denso.

Besos para Ella, Shandy.

Paloma Corrales dijo...

El final es una maravilla.

Un beso, Tomás.

Tomás Rivero dijo...

Creo que soy bueno en finales maravillosos. Creo.

Un beso, Paloma.