lunes, 30 de enero de 2012

Disperso

Disperso dijo que añadido
sobre la cifra que hubo deseado
esperó durante mucho tiempo que dejaran
de amarle
supuso
con cierto rigor que soportaría el frío
propio de la soledad
o de estar solo
y dijo:
no tendré que perder absolutamente nada.
Sofocó con libertad una pizca de zarza
que llevaba en los ojos
limpió su mirada con un paño húmedo
bañado en alcohol
y el cristalino
relució al sol del mediodía.
Aún no contento con la solución tomada
esperó a una mejoría de las comunicaciones
y redujo sus aspiraciones de satélite
quedándose en mera emisora recepcionando
los papeles que le llegaban
vía oración fúnebre desde barricadas negras
ocupadas por amantes rebeldes.
Cuando le avisaron con intención de amarle
paró los relojes. Hizo un fuego en el bosque.
Quemó calendarios.



14 comentarios:

Íntimo fárrago dijo...

Precioso.

Besos,

Nená

Hostal mi loli dijo...

Me encanta. Besos.

Tomás Rivero dijo...

Pues un beso, Nená. Gracias

Tomás Rivero dijo...

Gracias, Loli.

Beso.

Felipe dijo...

Pocas cosas conozco que levanten más el ánimo que encender un fuego y observarlo con los 7 sentidos ;)

Me identifico. Soy disperso. Y doy besos.

Felipe.

Eva R. Picazo dijo...

Pero entonces el poeta que esperaba al final encontró a la amante adecuada, pues no le fue mal en la espera

:)

Besos

Tomás Rivero dijo...

Felipe, de acuerdo con tus siete sentidos y con tus besos.

Viva la dispersión de los labios.

Besos.

Tomás Rivero dijo...

Además, la última amante que llega siempre es la mejor: por ser la última, por ser la mejor, por la experiencia, y porque es posible que no haya ninguna más.
Se merece la espera.

Un beso.

Inés González dijo...

No hay nada mejor que la libertad de sofocar la pizca de zarza que llevamos en los ojos para que el cristalino reluzca como el sol del mediodía.
Siempre estamos solos, más allá de los amantes rebeldes pululando las negras barricadas.
Los fuegos en los bosques duran un breve tiempo, y los relojes siempre marchan aunque estén parados.
Los poemas, duran toda la vida.

Jorge Arbenz dijo...

Con el pudor, por delante, que siempre me da comentar un poema, he decir que me ha gustado mucho.
Saludos muy cordiales y tricolores.

Tomás Rivero dijo...

Y siguiendo la lógica de tu secuencia, Inés, los poemas duran toda la vida aunque se mueran.

Un beso.

Tomás Rivero dijo...

Jorge, sabiendo de tu pudor, doblemente agradecido por tus palabras.

Un abrazo.

Shandy dijo...

La libertad... es la capacidad de elegir lo que creemos más conveniente. Comprometerse con algo o alguien puede ser un acto de máxima libertad.

Cierto es que nada nos libra de la soledad intrínseca del ser humano. Pero en el entretanto somos capaces de tirar relojes y quemar calendarios para espantarla. En las "trincheras" se necesita tanto de la pólvora como de las magnolias.

Contra la muerte!, el amor que va conmigo; contra el tiempo que acaba!, vuestro tiempo;

contra el luto!, el deseo; contra el mundo!, una bomba meditada; contra mí!,

ser el mismo que fui y que no era yo mismo…
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Contra la muerte, el amor que va conmigo:

De los días que reserva para mí el destino

cada una de sus noches por vivir

sería la última

la única esencial

si pudiese vivirte a ti también

trasnochado sobre tu cuerpo en calma

cohabitando tus sueños

sobrevivido a mi inexistencia

soñado en tus noches

o prorrogado en ti.

Rivero, siento ponerme tan filosófica, pero el dolor no tiene máscara. A Lois Pereiro se le iba la vida.

Y me gustó la dispersión y la conclusión del poema.

TOMÁS RIVERO dijo...

No te pones filosófica, Shandy es cierto todo lo que dices tú y todo lo que dice Pereiro.
Comprometerse con algo o con alguien es un acto de libertad, sí, pero no sólo del que se compromete, también del que acepta ese compromiso. No es un compromiso individual.
Tan solo que a mí todo eso me produce placer y veo belleza. Nunca dolor.
Es que la soledad intrínseca del ser humano a mi me parece alegre, no dolorosa.

Y este es el debate que tengo pendiente, el del dolor.

No sé a qué se llama dolor, y no sé para qué sirve vivir del dolor.
Hay algo que duele, pero yo no sé qué se menciona cuando se dice me duele.
Nunca oí hablar tanto del dolor como en los últimos 30 años.

Me gustaría saber a qué duele el dolor. Como sé que las flores huelen. O el sol calienta.

El ejemplo de las trincheras que pones me sirve como ejemplo: qué más da magnolias que pólvora, para matar las dos son necesarias. La una se apoya en la otra. Se reconocen.

No creo que los "personajes" de mis poemas sean seres dolorosos, aunque hablen de dolor. O de sus posibilidades.

Besos.