miércoles, 18 de enero de 2012

Dos confidencias

Una

¡Cómo pasa el tiempo,
sigo teniendo la misma letra!
Escribir me delata.

Dos

Escribí bien
hasta que empecé a ser leído.
Suponer una clientela
me condujo a sus gustos.
Pero por fin fui un miembro
del pueblo.


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Buenos días extranjeros o extraños,
extintos, expertos, náufragos de estos
amaneceres de melancólica presunción.

Bailen con ella el waltz que todo lo hace
sueño y despertar: Eleni Karaindrou.




4 comentarios:

Íntimo fárrago dijo...

Son gratas tus confidencias, te acercan a los demás. Con la primera nos dices que no has cambiado, sigues siendo el mismo -al menos si creemos a los grafólogos, y yo soy una entusiasta-; con la segunda, se me escapa sin querer queriendo, la pregunta de si valió la pena.

Besos a empujones,

Nená

Tomás Rivero dijo...

Claro, ante un experto, experta como tú, soy descubierto. De acuerdo. No he cambiado.

Pero mi "confidencia" también tiene la lectura de que uno no quiere escribir lo que dice.

No escribir sería una solución momentánea. Hasta nueva "orden" confidencial de la palabra.

Con la segunda, está claro, no valió la pena.

Besos ¿a empujones? ¿no pasan?

Íntimo fárrago dijo...

Es que son muchos, no te voy a engañar,

Nená

Tomás Rivero dijo...

Bueno, pues por aquí están amontonados. Hay uno que se queja del labio superior.

Besos amontonados, Nená.