miércoles, 2 de mayo de 2012

Simbiosis de la pluma

        I

Siempre escribía con pluma
aunque muchas veces deseó la pistola
para defender algunos razonamientos
con el temblor de la muerte entre los dedos.
Y en la soledad o solo no dejaba de pensar
que ambas funcionaban con un cargador.

         II

Escribió,
durante cincuenta y cinco años escribió
y en todo ese tiempo nunca pasó nada,
todo lo que escribía gustaba a sus lectores.
Sus libros se vendían.
Un día intrigado abrió la pluma
y al apretar el cargador este escupió
unas balas mojadas.

10 comentarios:

Hostal mi loli dijo...

Hay versos como puñales y versos como balazos para el alma, también hay versos como besos y como leche caliente con miel. Bersos.

Isolda dijo...

Es un poema como un puñal, como dice Loli; la seriedad y elegancia de sus versos, me dice que conocías a ese escritor. Pero nada se puede hacer sino un homenaje. Siempre respeto a los suicidas, me parece un acto de valentía extrema.
Besos, Tomás.

Shandy dijo...

Larga la nómina de escritores que eligieron quitarse la vida. Son un colectivo vulnerable?. ¿Un exceso de lucidez, ciega?; ¿la aspiración por aprehender o poseer la belleza, puede ser trágica?;¿un exceso de romanticismo, desespera? ¿ Son albatros que vuelan bien y caminan mal?... Safo, Larra, Virginia Wolff, Hemingway, Pizarnick, Plath, Zweig, Pavese ... O Rubén Darío, o Alejandro Sawa, que eligieron el lento suicidio con absenta o morapio.

¿Por qué se mata un escritor?

http://elpais.com/diario/2008/09/28/eps/1222583213_850215.html

Una buena pluma sólo debiera disparar balas a los personajes creados. Tu pluma, Rivero, ha disparado con acierto esta historia y ha rematado bien al personaje.

Antonio Maldonado Muñoz dijo...

cincuenta y cinco años escribiendo matan por dentro como un veneno en cuenta gotas. Saludos

Tomás Rivero dijo...

Sí, hay de todo. En la variedad está la dispersión. Dispersos estamos. Hasta nos cuesta identificar al enemigo. Mira que si no hay y el médico nos receta un calmante.

Besos, Loli.

Tomás Rivero dijo...

A mí lo que me parece un acto de valentía extrema es no suicidarse. Con lo cual estoy llamando valientes a los que estamos por aquí mirando gavinas y puestas de sol.

Lo dijo Maiakovski, que se pegó un tiro: "Morir es fácil, vivir es mucho más difícil".

En fin, que cada uno de nosotros decida si quiere o no seguir soportando su puesta de sol.

Besos, Isolda.

Tomás Rivero dijo...

Los escritores se matan porque no pueden vivir después de haber desvelado algunas de tus preguntas.

Gabriel Ferrater, magnífico poeta, se suicidó a los 49 años, para así defender la belleza, ante la decrepitud.

Tal vez esta sea la parte que más me interesa del articulo de "El País" que me recomiendas:

"Albert Camus, que murió en un accidente sin ningún viso de suicidio, dejó escrito lo siguiente al principio de El mito de Sísifo: "No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no la pena de que se la viva es responder a la pregunta fundamental de la filosofía".

"Algunos escritores, más que cartas, dejan libros completos sobre su ánimo. Henri Roorda terminó Mi suicidio poco antes de matarse. Allí dejó escrito: "Amo enormemente la vida. Pero para gozar el espectáculo hay que ocupar una buena butaca, y en la tierra la mayoría de las butacas son malas".

Juzgar si la vida merece la pena ser vivida, es poner en duda las condiciones de vida de ese momento o de ese tiempo. El suicida es un personaje que nunca tiene, ni simpatizantes ni seguidores. Y sobre todo nunca nadie se solidariza con él suicidándose. Es mal comprendido y extrañamente admirado. Otros los tachan de cobardes, pero lo hacen por envidia: ellos tan sólo se matan por cosas importantes, es decir por ninguna. En su vida no las hay.

Shandy, seguiré "suicidando" a ciertos personajes. Este poeta ama demasiado como para quitarse la vida, y amar es entregar la vida a los otros. Al otro.

Tomás Rivero dijo...

Cincuenta y cinco años dan para mucho. Entre otras cosas haber dejado de escribir. Y mirar, por ejemplo.

Bien venido a estos folios, Antonio.

Shandy dijo...

Rivero, tengo subrayada esa cita de Camus. Y también la de Wiggenstein:
"El mundo de quien es feliz es otro distinto al mundo del que es infeliz".

Creo que algunos suicidas aman mucho la vida. Tanto, que pueden llegar a la Hybrys. Y aunque hay "infelicidades" insoportables (y cada cual puede establecer las suyas), un exceso de Hybrys conduce a la Desperatio. Pienso en jóvenes suicidas como Janis Joplim, Jim Morrison, Kurt Cobaim, Sid Vicious...

Los suicidas famosos despiertan curiosidad, se crea un halo de malditismo romántico en torno a ellos. No creo que haya ni que mitificar ni condenar. Y en ningún caso verlo como un acto "romántico".

Me alegro de que tú, Rivero, ames la vida. Y la ames bien. La falta de Amor, mata. Y sólo quien ama, vuela.

Besos

Tomás Rivero dijo...

¿Hybrys se puede traducir como cierta desmesura ante la vida? No creo que hubiera desmesura en Jimi Hendrix o Janis Joplim. Su "desmesura" corresponde o deviene de una época de represión, moderación y mansedumbre. Aquí, por tanto, el suicida es empujado ha serlo.

Un beso volando.