sábado, 1 de noviembre de 2014

Vendrán más años

    
Vendrán más años malos
y nos harán más ciegos.
-Rafael Sánchez Ferlosio-

Un hombre puede agotarse perder sus posibilidades
de seguir como pájaro o navío o mirada de caballo
y en horas vagas venirse a garfio a manco a ira,
bajo un cielo gris morir aprovechando las facilidades
que da la vida y ya nada será igual para nadie.

Pero vendrán más hombres y nos harán más tristes,
como de un miedo de sacos hombres sacamantecas
o detrás de la puerta un susto, nos hablarán
por ejemplo, de todas esas cosas tristes y oscuras
que suele dejar el día abandonadas en un rincón
por insensibles, por aburridas y perecederas.

Apagarse. Dejar de ser uno para ser otra cosa,
ser otra cosa que dará sentido a la forma.
Simples y fáciles las aguas como alas encendidas
recordarán al sol su verano de gloria y felicidad.

Vendrán más años nuevos y nos harán tan distintos
como fuimos siempre, como siempre hemos sido,
paisaje aterido y tan distante de nosotros
como nosotros de las montañas, su horizonte.

¿Qué pusieron detrás del hombre que nadie hubo
dispuesto a arrojarse a una sima de dudas?

2 comentarios:

Eloy Sánchez dijo...

Leerte es un bálsamo, Tomás, y a la vez una prueba de que existe la buena poesía. Esa que aúna contenido y forma indisoluble y que en última instancia me hace pensar para mis adentros: conecto con esa poesia porque tiene verdad y tiene belleza, y se la juega.

Como ves, hoy vengo bien dispuesto.

Un abrazo, distinto al de otras veces, pero casi igual.

Tomás Rivero dijo...

Agradezco tus palabras, Eloy. Y las agradezco por el bien decir y porque ya eres, somos desde hace tiempo -¡cuanto tiempo!- "hermanos de poema". Sabes que hay hermanos de leche, pero nosotros somos hermanos que queremos mamar poema. Siempre hay que ser un "dispuesto", siempre. Es sinónimo de generosidad, y sabes que para ser generoso en esta vida nos desprendimos de todo tipo de propiedades: no tenemos nada, no perdemos nada: siempre ganamos.
Un abrazo, Eloy.

P.D.
¿Sabes de una editorial que no quiera publicar mis poemas; es decir, ha asumir tus palabras como linea editorial, o comportamiento ético basado en tus palabras, donde yo me limite a escribir y ellos a publicar y olvidarse de mí para siempre, como siempre fue, en ese matrimonio editor-autor? Avísame.