martes, 6 de diciembre de 2011

Caricias

Ese hombre que ahora se repara ante el espejo,
al instante siguiente se resquebraja en el azogue.
Su mano nerviosa aparta del cristal
una húmeda y sedosa nube
que dejó una pátina de vaho
en su extrañada mirada.
Ese hombre empieza a preguntarse
quién habita en las espaldas desiertas
de la plata derretida del espejo
y que desde su cálida mirada
ha comenzado a acariciarle.

10 comentarios:

Hostal mi loli dijo...

Estás sembrado, buenísimo. un beso.

Tomás Rivero dijo...

Cumplida, que eres una cumplida.

Un beso.

Hostal mi loli dijo...

Ni cumplida ni leches, yo lo que digo lo digo de corazón. A cenar que es hora. Un beso.

Tomás Rivero dijo...

Loli, es que tienes un corazón muy cumplido. :)

No cenes mucho, que es malo.

Raúl Campos dijo...

Quería poner algo del pájaro indeciso de abajo, pero ibas a pensar que no sabía que decir de este poema, así que hablo de los pájaros aquí, porque tienes razón.

Intento descifrarlo y me cuesta. Esa plata del espejo está en sus sienes. La etiqueta otoño lo corrobora. Y lo que habitan en las espaldas puede que sea una muerte que ha comenzado a acariciarle. Supongo que voy desencaminado, o igual no tanto.

Tomás Rivero dijo...

Raúl, uno de los motivos por los que la gente no consigue entender los poemas, es por querer "traducirlos": yo nunca he entendido ninguno.

Este lo traduzco yo.

Un hombre ante el espejo, de repente es otro el que le mira... Mejor no.

Abrazos.

Amando Carabias María dijo...

¿Qué cosa tan extraña es esto de la poesía...? El otro día, para algo que estoy preparando que no sé en qué parará (o parirá) escribí un poema de alguien que también tenía algún problema con el espejo.
Por cierto, estoy de acuerdo con Loli.

Tomás Rivero dijo...

Amando, no es que esté sembrado, es que os saco ventaja por la edad. Y sobre todo por mi gran respeto a la poesía, a pesar de los poetas.

Tú eres muy generoso en comentar mis poemas, y eso yo lo envidio y lo agradezco.

La poesía es lo único hermoso de esta vida. Y que sea categórico, no debiera quitarme razón sobre mi relación con ella.

Este hombre del espejo (no sé el tuyo qué descubriría al mirarse en el cristal) el "problema" que tiene es que hay alguien al otro de su alma, que le ama.

Un abrazo.

Shandy dijo...

Hermosa la caricia, Tomás. Un poema redondo y entrañable.

Tomás Rivero dijo...

Me gusta cuando vienes a este blog. Me gusta. Gracias, Shandy.

Un beso para ti y otro para las piedras sobre las que te subes. ¿Qué buscas, qué miras?