viernes, 20 de julio de 2012

En París o cerca de la selva

Me moriré en Paris con cielo encapotado y una ligera bruma.
Vallejo, cholo desesperado, se quedó con toda la tormenta.
Me moriré. Aunque sepa una palabra extraída de un tintero
a costa de una mancha parecida a algún poema.

Me moriré en París en un luego de lástimas
o caeré desde una sola y absoluta piedra,
una roca tan alta como un rascacielos
levantando la mano con un dedo manco
para soportar la nieve de un brasero
que heredé de aquella otra memoria
que tuve en la niñez.

Me moriré de nuevo aunque vengan a darme
con la calma amarilla de palmeras errantes,
con sauces de lluvia
o escaparates de neón y brillantina.
En estos paseos de urbe insuficiente
a veces visto de héroe
para empequeñecerme de patrias,
de pecho armado, de nostalgia,
de esfuerzos, de estrellas, 
de una debilidad de armarios empotrados.

Un trofeo absurdo prende mis molares
recorre cremalleras hambrientas 
y estoy pensando en irme algo más lejos
para morir bajo lluvias torrenciales.


Me moriré en París y cerca de la selva.



2 comentarios:

Íntimo fárrago dijo...

Si tu alambrera de versos
crees que te hace invisible,
y no hay ojo ni tacto que llegue
a rozar tus sentidos,
repasa tu casa por dentro,
centímetro a centímetro,
porque el cristal de la ventana lleva
abierto una noche entera
-y te estoy mintiendo-
Tu vida ha sido invadida tantas veces
como vocales llevo escritas,
multiplicadas por un infinito elevado
al infinito.
Tú nunca vas a morirte,
nunca estarás muerto.
Estás en esa lista de los ‘no acepto’
que firmaron desde la cuna.
Pero ni te diste cuenta,
eras tan chiquitito que ni el meñique
levantabas,
pero un ojo inclinaste
y así se supo,
lo demás vino luego.



Nená

Tomás Rivero dijo...

Nená, la verdad es que estoy haciendo un trabajo ímprobo para permanecer. Pero me es grato trabajar con versos. Morir, permanecer, ¿no será lo mismo? Serán poemas como el tuyo que honrarán la poesía. La tuya, la mía, la de tantos.

Besos.