martes, 9 de abril de 2013

Cae agua

Cae agua,
una lluvia dormida arrastrada
por las alas desplegadas del viento,
cae un aldabón pesado de agua
sobre las grises piedras
y la llave rompe la dorada cerradura
y el manantial es fuente.
En el desierto de dunas arqueadas
cae la tarde como un velo
sobre una paloma muerta.

He leído las cuentas cosidas de todas
las semillas que cruzaron desde el norte
las montañas
blancas como un recuerdo,
he leído el movimiento de tus labios,
su murmullo de pájaros.

Desnudándote en la tranquilidad del oasis,
tras el matorral de encendidos espinos,
sabes que en lo diáfano nadie te detendrá
y vas depositando tus vestidos
junto a un cálido deseo de libertad.

Y yo seguiré viviendo en un patio antiguo
habitado de viejas flores muertas.
Junto a un mar de porcelanas rotas,
junto a noches de luna llena
que limpiaran las sombras,
la calamidad inútil de los rostros.
Ahora que todo parece alimentarse de agua
y miedo.

2 comentarios:

Shandy dijo...

Un apunte (sin su permiso):

"Cae un aldabón pesado de agua" mmmm... pesa demasiado ese verso.

Me gusta la segunda parte del poema y el verso final.

Besos

Tomás Rivero dijo...

"..cae un aldabón pesado de agua
sobre las grises piedras
y la llave rompe la dorada cerradura
y el manantial es fuente."

Desde lo que parece pesado nace lo que a su vez pareciera leve. Ambas fuerzas conviven y se armonizan.
Aquello que estaba encriptado recibe el pesado "golpe" de la clave y nacen las fuentes.
Creo que hay una dialéctica en las cosas de la vida.

¿Pesa demasiado el verso? No. Cae sobre las pesada piedras del siguiente. Podían entre ambos construir una limpia cascada, ¿verdad?

Un beso. Dos, por ser tú.