vengo de una hoja caída de un árbol
un otoño cualquiera encerrado en el
bosque.
Una hoja que voló arrastrada por
frías ráfagas inútiles,
llevada por hombros y cinturas de
afanados transeúntes.
Sopla el viento,
un corazón de vendaval a mí me
dicta,
y más tarde vendrá otra mañana
soleada
y todo será como un número de magia
que pasará imperceptible sin que
nadie se dé cuenta.
Y yo que vengo de una hoja caída un otoño cualquiera,
te pregunto:
escribano dime ¿qué vas a decir de
mí
cuando mis ojos no te lean?