Me recorre un deseo antiguo
viejo como el mar:
tocar el oxigeno con la punta
de la lengua,
una ambición volatilizada en ala,
disipada en la memoria de la sal.
Un deseo tan antiguo como el crepúsculo.
Una gota de azul en mis caderas,
una huella de arena,
un minúsculo gesto de profundidad:
tu fosa marina,
mi danza abisal.
Sentir en mi cintura el mar,
sus dedos de alga,
el galopar del aguacero,
su lengua en mi vientre,
mi rumiar de poeta,
mi alarido griego:
músculo contraído
agitado por marionetas.