viernes, 23 de diciembre de 2011

De cenadores y pérgolas

Muertas las mimosas,
Muertas las mimosas,

caídas ya las flores del almendro,
caídas ya las flores del almendro,

un rastro de lo que fue nieve
un rastro de lo que fue nieve

baja en forma de arroyo,
baja en forma de arroyo,

ligero y suave se desliza ladera abajo.
ligero y suave se desliza ladera abajo.

Ahora van a la deriva
Ahora van a la deriva

marchitas y azuladas glicinias
marchitas y azuladas glicinias

de cenadores y pérgolas caídas
de cenadores y pérgolas caídas

bajo la furiosa tormenta de la tarde.
bajo la furiosa tormenta de la tarde.

Y unos ojos lo contemplan todo
desde un silencio
de músicas cautivas.

8 comentarios:

Ventana indiscreta dijo...

Tú y tu eco, Tomás.

Besos, telúrico, floral.

Lokdos dijo...

Què delicia...

Hostal mi loli dijo...

Poema de tormenta, afortunadamente las glicinias volverán en primavera o tal vez antes, no se en que estación florecen las glicinias. Un beso.

Tomás Rivero dijo...

Te equivocas Sofía, no es mi eco. Es el eco del poema. Que no tiene la culpa de mis redundancias.

Un beso, entrañable.

Tomás Rivero dijo...

Marcela, besos de fiesta. Con moderación la fiesta, y con profusión los besos.

Tomás Rivero dijo...

Las glicinias florecen en junio. Y como nuestro clima va para tropical, las tormentas serán terribles.

Un beso, Loli.

Shandy dijo...

Con la misma levedad y melancolía que se deslizan las flores y el agua, así se desliza el poema. Un punto de inflexión en la tormenta, y vuelve el remanso, el misterio... Se suspende el alma. Que bien transmites la melancolía, el misterio, la decadencia de los cenadores y las pérgolas.
Sinestésico, muy visual. También el lector contempla en silencio esa música que cautiva, la del poema.
Muy hermoso, Tomás.

Tomás Rivero dijo...

Tu comentario bien podría ser parte del mismo poema. Es muy hermoso tu comentario. No tengo palabras, Shandy.