martes, 27 de diciembre de 2011

Poeta

Era un poeta que llevaba una bolsa de tela roja llena de piedras. De vez en cuando extraía una piedra de la bolsa, le daba un beso y la arrojaba contra la fachada de una casa elegida al azar. Cuando le preguntaron tan extraña actitud, sólo dijo:
.- Yo tiro piedras con un beso a las fachadas, otros montan una performance, algunos dan el cante, otros escriben poemas y dan recitales y su nombre se escribe con grandes letras de molde. Pero yo tiro piedras con un beso a las fachadas de las casas.
Estoy intentado radicalizar mi poesía y próximamente retiraré el beso a las piedras que arrojo y se lo daré a las fachadas golpeadas por las piedras".

18 comentarios:

Íntimo fárrago dijo...

Me has hecho reír esta tarde. Es buena esa forma de radicalizar la poesía, se ve que no era nada tonto este señor poeta.

Besote,

Nená

Tomás Rivero dijo...

Este poeta estaba como una cabra. Me lo encontré un día sin piedras en la bolsa. ¿Y ahora que tiras? le pregunté. Y me dijo, "He fracasado como poeta, y ahora tan solo miro las fachadas".

Un beso Nená.

Íntimo fárrago dijo...

Te he escrito un comentario pero no lo veo, quizá lo hice mal o sale por ahí traspapelado. Te decía que le has hecho un buen homenaje a aquel poeta con estas líneas tuyas, y te daba la enhorabuena por ser tú el poeta con tan bonita visión del final de una historia, que francamente, es aleccionadora y muy original.


Nená

Tomás Rivero dijo...

Aquí como se traspapele algo me parece que se queda en un limbo de algún marajá, que se debe estar forrando con los desperdicios de los equivocados.

Bueno, un beso Nená. No quería ser aleccionador, soy un mal ejemplo.

Cuídate de los poetas. Más besos.

Íntimo fárrago dijo...

¿Son distintos de las poetas?
No me contestes.


Nená

Tomás Rivero dijo...

No son distintos de las poetas.
No te contesto.

Tomás

Paloma Corrales dijo...

Deberíamos besar lo golpeado para redimir la culpa en las esquinas abatidas ;-)

Un beso nuevo.

Paloma Corrales dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Paloma Corrales dijo...

... o duplicado :)

Tomás Rivero dijo...

Un beso duplicado, Paloma.

Las pobres esquinas, lo ven todo con cara de circunstancias. Son muy observadoras las esquinas.

Mira me acaba de venir a este recuerdo mío, que cada vez me recuerda menos, una entrevista (no recuerdo dónde, debió de ser para Gramma) que le hizo García Márquez a Fidel Castro, dónde el escritor le preguntaba cual era su mayor deseo. Fidel respondió: "Pararme en una esquina".
Evidentemente a mí me pareció poética la respuesta. Fidel tal vez quería que las esquinas le contaran si el pueblo conspiraba contra él.

Besos para las esquinas y para ti.

Ventana indiscreta dijo...

Poesía autobiográfica:

tirar piedras contra tu propio tejado.

Tomás Rivero dijo...

Es la mejor manera de reparar los desperfectos del corazón.

Besos.

Eva R. Picazo dijo...

Por qué la bolsa era roja?

Estoy volviendo poeta
Besos

Tomás Rivero dijo...

Buena pregunta, Eva. Tal vez porque las piedras eran azules.

Un beso. Vuelve, no seas una perezosa sentimental.

Tempero dijo...

Se puede radicalizar aún más, tirando la fachada al suelo. Al fin y al cabo, la fachada es eso, pura fachada. Besar las ruinas de las buenas construcciones, las de Bolonia, por ejemplo, que te pillan tan cerca, es otro poema.

Si mal no recuerdo, en aquel paraje y de fondo la gran duna hay un ombú precioso. ¿Lo fotografiaste, Tomás?

Un texto para depurarnos. Perfecto.

Agradecido por tus hermosos y vinculantes escritos.

Un abrazo.

Tomás Rivero dijo...

Manuel, no lo tengo claro. Se pasan el día rompiendo piedras en Bolonia y sacándolas de su letargo. Acotan zonas y vi el árbol desde 150 metros, pero no podía acceder a él. Foto hice, te la paso y me comentas.

Este poeta era urbanita y nunca quiso tirar las fachadas. Vivía de ellas.

Un abrazo.

Shandy dijo...

Humm... Me ha descolocado este ingenioso texto y este poeta tan surrealista. Pero me hace pensar que la poesía tiene mucho de besos y piedras, de balas y flores, de pólvora y magnolias.
Besos
Me gusta el color de la bolsa: rojo

Tomás Rivero dijo...

Este poeta era una maravilla, Shandy. La cantidad de pedradas en verso que dejó por la ciudad de arena.

Y dentro de esos besos que dejaba, como tú dices, los había de pólvora y de flores y también de rayos y truenos.

Besos.