lunes, 23 de enero de 2012

Ciudad

¿Qué piedra a golpear subes ahora,
universal sombra que ardes
incinerada de pasión y ansiada espera,
escanciando tu dolor en ánforas de vidrio?
¿Acaso soy yo esa deidad,
ese extravagante afán?

La ciudad es un profundo pozo.
Fábricas e iglesias,
edificios de altísimas oficinas proyectan sus siluetas,
y las calles me enseñan una vida que presta
oídos a las luces, ojos a los ruidos,
boca a los márgenes propagados
de otras figuras abstractas o mal hechas,
perdidas, errantes, solitariamente únicas.





4 comentarios:

Hostal mi loli dijo...

Esta poesía parece que la haya escrito el pájaro de la foto mirando la ciudad desde las alturas, Buen poema y oportuna foto por cierto. Besos.

Tomás Rivero dijo...

Esta tarde a la hora del té.
La urraca de las bombillas.
Evidentemente el poema lo hizo ella, que soy yo vestido de urraca.

Besos, Loli.

Ventana indiscreta dijo...

Siempre me gustó el movimiento nervioso de la cola de las urracas. También cómo se han adaptado de bien a las ciudades. Lo listas que son. Y el color irisado de su lomo.
Sobre el poema luego vuelvo, tengo prisa.

Tomás Rivero dijo...

Vuelvo luego? Manda güevos. Aquí se viene sin prisas, son contrarias a la filosofía oculta de este blog, a las buenas costumbres, al acervo de las cosas, las que tú misma defiendes en el tuyo, al poso, a la mirada, al resumen, a la caricia, al paso de un buen caminante....
Estaré al acecho y como te vea por aquí....gggrrrrrrr zarpazo.

((((es la tercera vez que escribo zarpazo en mi vida y no la reconozco. Lástima de léxico))))