miércoles, 19 de septiembre de 2012

Santiago Carrillo, "Poema"










Santiago Carrillo se merece una estatua en cada aldea, pueblo o ciudad de este país. Al día siguiente destrúyanla. Pero se merece un minuto de estatua después de muerto. Siempre lo fue en vida. Descanse en paz. O no. Allá él con sus estatuas. Y su Eurocomunismo.










6 comentarios:

Ramón María Vadillo dijo...

Pese a la imperfección de aquello que construyeron (ésta farsa democracia), a todos sin excepción debemos de agradecer el cambio que nos regalaron.

Saludo.

PD. no deja de ser mi opinión.

Tomás Rivero dijo...

Sin duda, Ramón, es tu sentir. Pero te aseguro que no nos regalaron nada. Palabra de honor. Es más, nos quitaron. Vaya si nos quitaron: todas las ilusiones revolucionarias de cambio. Seguramente porque eran ilusiones, y estas encajan mejor en una democracia burguesa de tres al cuarto.

Saludos.

Jorge Arbenz dijo...

Suscribo tu respuesta, Tomás. La Transición fue un pacto entre dos élites para garantizarse - ambas- la vida regalada que han tenido durante estos treinta años. Y Carrillo fue decisivo en el engaño (como Fraga o más)

VICTOR GATO dijo...

Pienso que Carrillo se ha llevado a la tumba mucha materia reservada, de muchos años, que no haría bien a nadie (y nadie es nadie absoluto).

Lo que él vivió (la situación más extrema y sucia internacionalmente, no solo nacional), del 36 al 39 y posteriores, nosotros lo vemos desde los libros, no en primera línea como él la vivió. Por eso me cuesta trabajo hablar (por no decir juzgar).
Hoy se habla mucho de cómo al final Francia e Inglaterra dejaron a la república sola. Ayer escuchaba al historiador Preston que la culpa absoluta de la derrota fue solo de Inglaterra. Quizá aprendió que solo puedes confiar en tí mismo. Quizá, por eso, después eligiera el ritmo lento pero seguro e incruento (evolución a revolución), o para salvar vidas, o yo que sé.
Cuando comenzaron las revueltas todo el mundo pensaba que sería cuestión de unos meses y después se descontroló de la manera más dramática.
Las situaciones históricas siempre son mucho más complejas de lo que la vista ofrece, y si no hizo otra cosa, probablemente es porque no era momento para hacer otra cosa. La gente acababa de salir de una gran hecatombe.

No sé, hablo desde mi desconocimiento -lo confieso- pero desde mi interés por comprender.

Yo me siento agradecido, simplemente, y con la responsabilidad de continuarle, arrimar el hombro que es lo importante.
Descanse en paz, con estatuas o sin estatuas, da igual, mejor para los faraones y las iglesias.

Y estoy de acuerdo, es una farsa de democrácia y burguesa.
Un saludo cordial.



Tomás Rivero dijo...

Que lo fuera Fraga es casi "natural", que lo fuera el PCE, (me salto el escalafón. Ver Estructura Orgánica) me parece propio de cegatos. De un PCE que tuvo la oportunidad de redimir viejos pecados y que como bien dijo en su momento el Ché, una vez más, "como lo esperaba, la actitud de Monje fue evasiva en el primer momento y traidora después. Ya el partido está haciendo armas contra nosotros, y no sé dónde llegará,.."
Ver su diario.

Salud, Jorge.

Tomás Rivero dijo...

"Las situaciones históricas siempre son mucho más complejas de lo que la vista ofrece, y si no hizo otra cosa, probablemente es porque no era momento para hacer otra cosa."

Pues hizo lo que debía. Y nunca mejor dicho: pagó una deuda. Lo demás comparsa o Comité Central.

Y la situación de esos momentos era para hacer -evidentemente desde la dirección del PCE, como organización obrera "creíble"- una profunda transformación (revolución) en este país.

La amenaza de la reacción, es decir los tanques, fue un argumento que usó más el PCE, que la extrema derecha, que tenía el ejercito de Franco, tipo Pancho Villa, atrincherado en los cuarteles.
Ganas me quedaron de saber que hubiera pasado de sacar los tanques a la calle. Yo, y otros como yo confiábamos más en el pueblo que el ignorante y pacato Partido Comunista de España. El cual, por cierto, siempre ha sentido un profundo desapego por la clase obrera: no se fía de ella. Paradójico. Y estupidez.

Saludos, Victor.