jueves, 5 de septiembre de 2013

Libros

Un lápiz. La punta del iceberg.
Permanece sumergida en los libros
la parte que no se lee.



4 comentarios:

Hostal mi loli dijo...

Que corto y que sugerente este pequeño poema, te felicito. Besos.

Tomás Rivero dijo...

Gracias por tú felicitación. Los poemas crecen cuando los felicitas. Ya sabes como está la autoestima en tiempos de clara "moral enemiga".

Besos, Lola.

Shandy dijo...

La parte sumergida, esa que no se lee... Mmmm ¿No es el lector el encargado de sacarla a flote? ¿No es esa parte que uno se queda rumiando después de la lectura?... ¿O es el escritor el que se queda rumiándola por no ser capaz de ponerle palabras, o por no querer ponérselas?


Besos de rumiante

Tomás Rivero dijo...

"¿No es el lector el encargado de sacarla a flote?"
No me interesan esos libros de fácil lectura. La parte que no se ve debe permanecer oculta. Nunca se desteje tirando de un sólo hilo.
"¿No es esa parte que uno se queda rumiando después de la lectura?..." Sí, hay que rumiar. El libro debe servirnos de alimento.
"¿O es el escritor el que se queda rumiándola por no ser capaz de ponerle palabras, o por no querer ponérselas?"
Esa parte no me interesa. El escritor que rumie todo lo que quiera, o que se olvide de lo que escribió, que diga o se desdiga. El escritor después del "digo" no puede rumiar "diego", y si lo hace que escriba otro libro.

Besos rumiantes.