domingo, 16 de febrero de 2014

El otro bosque, el que no está en ti

Sujeto al oleaje en flor
de la húmeda pradera
hay un cuerpo delicado
v
e
r
t
i
c
a
l
fulminado por un hacha
y abierto a los gusanos,
buscadores de oro que horadan la madera,
digieren leña y vomitan
anémonas blancas.
¿Y en la hilatura de los pastos?
En la hilatura hay un ovillo
de hierbas secas enredado a él,
y en su corazón de heno
los brazos amputados de una marioneta.
Se dispersa
despacio
con una lentitud
de niebla 
casi ciega,
el bosque.



miércoles, 12 de febrero de 2014

Náyade milagrosa

Apareciera yo sobre abrojos clavado,
dichoso aún de mí,
de pronto sorprendido del torpe incidente,
del dolor febril que late en la trabajada carne.
Ángel avaro nunca me protejas.
Dudoso abril dichoso sé mi ataúd y mi sala.
Los muertos fueron sin labios verbos sedientos,
bebieron de los óleos el agua que no era.
Náyade milagrosa, son de clavicordio, endulza mis llagas.

Otras heridas habrá que se cierren,
mas la mía se abre aún, no sé,
supura lejanos paraísos olvidados,
un atril, cera de cirios encendidos, un golpe de jazz,
un jueves que viniera decente y sin corbata,
avispado, sereno, tan justo como el filo de un sable,
exacto como un segundo, como un minuto enorme.

Nosotros los vulgares hombres nocturnos
que hacemos fácil
un lunes de hermético traje descompuesto.
Náyade milagrosa son de clavicordio
¿sabes tú qué ruido es ese silencio que trae la noche
de aguas volcándose urgentes y precisas
entre mis brazos?







domingo, 9 de febrero de 2014

Hacer aquí algo resulta peligroso

Ya no poseo aquella belleza fea y salvaje
que me hacía necesario.
He perdido el encanto de potros y jaras
que me hacia incontestable.
Estoy lacio como hoja de lechuga muerta
y mastico las flácidas horas del feliz desenlace.

Ya no robo libros de sobrias librerías
ni busco músicas más allá de los altares.
Ya perdí la elegancia
la altiva majestad
de despojar vinilos elepés
de peligrosas tiendas diáfanas.
Hacer aquí algo hoy resulta peligroso.

Todo está bajo sospecha
aquí no se fía nadie de sus zapatos
y mira a sus espaldas
para ver si ese ruido de pasos
es el amigo aquel que le persigue.

Sabemos que siempre será tarde
para pagar tanta deuda.
Me han dejado solo
aquellos cobardes
que antaño fueron héroes
y que entonces estaban valientes
por que eramos muchos
en las calles y plazas
y detrás de las puertas.

Desde esta desolación
me subo a las terrazas
desde ellas veo caimanes
abrazándose a pupitres
que van tomando tierra.

El cielo se cubre de caínes
manzanas y cebollas
de senos y chisteras
culebras encendidas
y una mácula impura
de nombres negros
mortales
con azogue de vulgo.

Hacer aquí algo resulta repugnante.


jueves, 6 de febrero de 2014

Deuda

Tengo el corazón tan grande
que llevo las manos de un obrero
levantando paredes de ladrillos
dentro de él.
Se alzan así mis alcobas personales,
mis estancias repletas de amor,
de martillos templados y pétalos de hierro,
el hormigón que va fraguando en mí
una actitud de vencedor de derrotas.

Me di a los demás
con un aire de cinturas
y mis caderas de hombre
eran hembras que crecían verticales
en la cal endurecida de mis huesos,
y en el agua azul de mis venas.

Tengo el corazón tan grande
porque asumo la noble soledad
de una clase 
que duerme en los andamios
de una noche eterna
y plácida
de vagos sueños
que nunca se realizan.

Tengo el corazón tan grande
porque os vi
y os debo.



martes, 4 de febrero de 2014

DANIEL VIGLIETTI: ESDRÚJULO

                                              Para José Horacio Martos

Se trata cósmicos de ser más fértiles,
de no ser tímidos, de ser más trópicos,
de ir a lo pálido, volverlo térmico,
sentirse prójimo de lo más lúdico,

con verdes lápices trazar el ámbito
de lo que mágico rompe los límites,
buscar lo hidráulico de lo volcánico,
librar la métrica, cambiar de sílabas.

Y con elásticas formas anárquicas
tocar lo afónico que suene homérico,
fundar metáforas, crear la hipótesis
de que lo asmático se vuelva oxígeno.

Situar la brújula al sur paupérrimo,
armar las síncopas contra los déspotas,
cambiar la tónica por una séptima,
tocar en triángulo sones esféricos.

Y a los dogmáticos tan poco orgásmicos,
casi ni eróticos de ser tan púdicos,
a esos acríticos de sesgo andrógino
decirles "gélidos, no sean retrógrados".

Y con armónicos cantar bien nítido
contra lo frígido luchando tórridos,
con armas múltiples llamando cálidos
fondos oceánicos de lo más lúbrico.

El ritmo cíclico del vals esdrújulo
es cual la sístole que va a la diástole,
todo cardíaco de andar eufórico,
nada presbítero, más bien sacrílego.

Amando nínfulas que sueña grávidas,
el vals acróbata cruza los vértices
llamando gráciles criaturas prístinas,
seres prolíficos de lo aún inédito.

Y a los arácnidos volverlos líricos
y a sus ejércitos juzgarlos rápido
mediante un árbitro de juicio ecuánime
que encierre en cárceles impunes pérfidos.

Y los políticos de gesto tránsfuga,
los impertérritos, los siempre cómplices
caerán patéticos en lo espasmódico
cuando lo enérgico les corte el tránsito.

Con lo poético del vals arrítmico,
que está en lo crítico de sus propósitos,
no pueden síncopes ni golpes fúnebres,
ni es por patíbulos que quede acéfalo.

Ni es por trifásicas que olvide históricas
luchas titánicas por lo inalámbrico,
por lo que ubérrimo se alza eufórico
y anuncia próximos cambios históricos.

Cuando el pobrísimo tome las cúpulas
y los famélicos tomen las Áfricas
y los indígenas tierra amazónica
y los mecánicos tomen las fábricas
y los utópicos salgan del prólogo
y los daltónicos pinten lo nítido
y los chuequísimos bailen de júbilo

ya lo terrícola será libérrimo
cual ritmo cíclico de un canto esdrújulo.

Blues: John Mayall - Crying

Llueve. Llueve como para ponerse a llorar.
No tengo los azules, tengo un gris de alma
con inundaciones en el corazón. Me duele
la luz de este anochecer líquido. Y el violín
de Don Harris.


John Mayall, el bajista Larry Taylor, el guitarrista Harvey
Mandel, y el baterista Paul Lagos, el violinista Don
"La caña de azúcar" Harris, el baterista Keef Hartley,
trompetista Blue Mitchell, el guitarrista Freddy Robinson,
y Victor Gaskin. Todos en 1970. Han pasado 44 años,
y no ha pasado nada desde entonces. ¡¡Godot!!

lunes, 3 de febrero de 2014

Siervo de la gleba

Me he mirado en muchos espejos pero ninguno
como el tuyo,
ninguno como tus ojos cuando al atardecer
se cubren de sombras o cuando al amanecer
se llenan de aquietada luz,
y así somos dos seres que paseamos
el mundo desigual e injusto,
y si te miro de soslayo y tu boca se abre
para oírme,
desde los bosques
el viento trae recuerdos de cuando éramos
esclavos y tristes.

Me he mirado en tus ojos una noche,
abatido, afligido tal vez por ruidos lejanos,
provenientes de cualquier frente donde la guerra
habilita, franquea las puertas a la muerte,
mientras en las plazas los hombres
guardan un fantástico, cómplice y difícil silencio.

Yo sólo soy un siervo de la gleba.

Un apelmazado terrón,
un pedazo húmedo de barro,
criado de la lluvia y de la selva,
siervo de sus fuentes verdes,
un paria un mancebo y un clown,
y hasta a veces soy una serena y sedosa lluvia
que lubrica a las sirenas allá en alta mar,
allá donde los barcos giran y se pierden por rutas
inválidas, inútiles de instantes fáciles.
Soy un siervo de la gleba en terreno del señor,
profundo esclavo lamido a latigazos,
mi carne macilenta cruzada
por hondos verdugones y cardenales
largos y melancólicos,
hoy en este solitario día catorce
de un año que no tuvo tristeza.

Soy un pordiosero
agregado a la embajada del dolor,
al asfixiante clima de pastos y rastrojos
por donde se arrastra la serpiente canícular
dulcemente devorada por el sol,
en España y en América, en mis geografías favoritas
y mi soledad claudicante.

Yo sólo soy un siervo de la gleba
que ama tus manos
porque tus ojos me miran
asustados
asustados.



sábado, 1 de febrero de 2014

De aquel amor me quedan estos versos

…de aquel amor me quedan estos versos
- Jesús Munarriz -


De aquel amor me quedan estos versos
estas torpes ausencias de vanos esmaltados
este paso incierto de sirenas varadas
de bocas amargas y balcones a la noche.

De aquel amor sin alivio de malvas
me quedan estos versos
y estoy dispuesto a dártelos
llevarlos a tu casa dejarlos en la mesa
pedirte que te quedes por favor no te vayas
rogarte dame un beso si lloro no es por nada
o quizás por la lluvia o tal vez porque fuimos
líquida causa enamorada
heroicos transeúntes
en el resbaladizo y barroco poema
lo que no desmerece
esta historia nuestra tan de invierno
o tal vez porque llueve
y nunca escampa.

De aquel amor me quedan estos versos
que ruedan como piedras
o vuelan como plumas
o son papel mojado.
Estos versos que no me cuestan nada
si acaso un arañazo que deja algún pasado
y cura en cicatriz con el paso del tiempo
del tiempo inacabado.

jueves, 30 de enero de 2014

Citas desinteresadas: Félix Grande

Ha muerto Félix Grande, uno de mis poetas
más cercanos, y quiero dejar un par de poemas
suyos para añadir versos al viaje.


Lo fugitivo permanece y dura


Mi recién conocida Loba
no nos pidamos groseras garantías

Que dure un día un año un mes
es lateral en el amor
Que se acabe es su precio
Que duela luego es su victoria

Seamos los servidores del amor
y jamás sus contables


Cierto que viene para irse

(Como nosotros
                         Como nosotros)




Elogio de las bestias


¿Sabías que hay bestias mansas y leales
que cuando pierden su pareja
husmean el viento con hocico furioso
atacan   braman    reflexionan
se niegan a comer     y giran    y enloquecen?

miércoles, 29 de enero de 2014

Acacias rosas

Aquí brotan alas,
de pronto se abren pétalos,
allí nevadas soluciones.
En medio de la noche
la voz de un hombre que llama,
la lechuza se defiende con su llanto:
un gemido viscoso deslizándose.
Reposar en tu vientre
tiene el sabor de flores amarillas
cortadas bajo la fría escarcha del invierno.
Llevo años soñando con un paisaje distinto.
En mis manos los nidos cobran vida:
se vuelven hormigas y semillas.
Sigo los pasos de naves distintas,
algunas varadas en arenas rojas
de un planeta que sueño entre lágrimas.
Aunque viva perdido
en el laberinto escondo
alimentos variados, sustento,
los víveres precisos para seguir buscando
caminos invisibles en la errática noche.
Bajo las acacias acaricié la luz
la cal de los secretos
y el silencio
de todos aquellos cuerpos
que antes de ser sangre
fueron míos.


lunes, 27 de enero de 2014

Nexus (3ª crucifixión)

Si acaso tengo un rato
y escribo que te quiero
adivina mi inocencia,
añade algún adorno
que ponga límites
a mi obsesión,
déjame un mensaje
que no sea sugerencia,
y donde el poema se me achica
eleva tus manglares,
testifica que es montaña
la zona virgen de mis llanuras,
come esta fruta pendular
ávida de labios y garganta
y hazme un ser de sexo neutro
con alas de ángel.

Miguel Romero, "Moro"

Me acabo de enterar de la muerte
del compañero "Moro".

Miguel, las revoluciones son momentos
inspirados de la historia.

"...un viento sur que lleva
colmillos, girasoles, alfabetos
y una pila de volta con avispas ahogadas."
-Federíco García Lorca. Poeta en Nueva York-

Salud y Revolución.


















http://vientosur.info/spip.php?article8677

sábado, 25 de enero de 2014

El grosor de las masas

Pero en su noche, grávida de mármol,
un vago pueblo, entre raíces de árboles,
por ti se ha decidido lentamente.
-Paul Valéry-

Llego levantándome
copa de coñac garganta y fuego
recojo el vidrio
la botella se vierte
viuda de mi padre saturnino
fratricida de mi hermano gemelo
de césar de juan de mí
el gollete sigue desaguando por afluentes
canales o bocanas
el rito
los ritos
la búsqueda que hace trizas
al hombre solitario
guiado por licores
la alquimia del hueso
el curso de las letras
el grosor de las masas
el volumen de la literatura
donde sangran los nudillos
las yemas de los dedos
la aspereza desgarrada de las uñas
su arañazo primero
la cal azul de la mirada
el vuelo de las aves
las aves mismas
o pájaros o fuego
de azucarado canto
que hacen gemir la fría llave
girando en su vitelina cerradura
misterios ocultos en el hermético pestillo
en el vientre céntimo
en el nido oculto.

Poema o padre,
hermano camarada
vil pellejo,
ahora te toca a ti levantar la mirada,
clamar como una mujer desnuda y tibia
subida a una roca,
un día que creyó, sin duda,
estar seriamente dispuesta al sacrificio.

jueves, 23 de enero de 2014

Debilidad

Soy su debilidad, diijo él. Ella le miraba extrañada, así que puso un disco y dio cuerda al gramófono. ¡¡Coño, Paul Chambers !! gritó el corazón de ella. La mirada de él.

Es la hora de la siesta de los pequeños burgueses, esos seres pequeñitos que llevamos dentro. Esquizofrénicos homeópatas que dictan qué sangre nos pertenece. ¡Ah los desclasados! El Jazz, la fuerza. Venid. 1959 era la medida, un espejo donde mirarse y así poder ser lo que no deberíamos padecer hoy. O sí. La dialéctica costumbre de la historia. 

Ya ves, dijo ella, con el corazón en un puño, mientras mantenía la mirada.


Gatos

Gato azul

















Gato negro

martes, 21 de enero de 2014

Ten

Muestra
di
insinúa o enseña
ten
acaso en la malva trinidad
de un pecado
o en ese triángulo de hilo
que se abraza a tu ingle
ven
como el lino
que se adapta a su pliegue
de aguas y se asola
mira ve
cómo en la arruga de esta
delicada tela
anidan
los secretos
que van diciéndote
toma
ten
ténsame
soy un encaje prendido
tal vez en el pubis
acabándose en blonda
hilando la sangre
llevándose
en ese molinete de viento
la mortal infancia
dónde fui tan feliz.

Toma este ten
tan sin ti.
Toma:
ven plegándote a mí.


lunes, 20 de enero de 2014

Tú, cuya mano, un poema de García Calvo: Amancio Prada

A LA CLASE OBRERA, QUE SIEMPRE TIENE MI AMOR
IRREFUTABLE, CONSTANTE,
PORQUE ELLA ES EL MOTOR DE LA VIDA.
PORQUE ELLA VIVE DERROTADA Y VIVE
ESA DERROTA COMO UNA MANERA INEXORABLE
DE ENTENDER LA VIDA.
A LOS QUE ME AMAN
PORQUE TAMBIÉN SON CLASE OBRERA.



Tú, cuya mano me ha bañado
de un fuego transparente las espaldas,
cuyos ojos en claros naufragios hundieron
algunos principios elementales de mi alma,
tú eres mi patria.

Tú, que no tienes apellido,
que no sé si eres pájaro o si alcándara,
que de todos tus brazos las letras de plomo
cayéndose han ido, como si fueran nueces vanas,
tú eres mis padres
y mi patria.

Tú, que ni tú te acuerdas dónde
tendiste a orear las nubes blancas,
que de tantos amores que tienes confundes
el nombre de todos los días de cada semana,
tú eres mi Dios
y mis padres
y mi patria.

Tú, que tan dulcemente pesas
que el cielo bocabajo se volcaba,
y que no se sabía de quién ya la lengua,
de quién la saliva, de puro sabrosa y templada,
tú eres mis leyes
y mi Dios
y mis padres
y mi patria.

Tú, que apacientas calaveras
por las praderas de la verde África
y a los rojos leones les echas de pasto
las rosas de leche de aquella luna de Sumatra,
tú eres mi ejército
y mis leyes
y mi Dios
y mis padres
y mi patria.

Eres mi ejército y mis leyes
y mi Dios y mis padres y mi patria,
y el ejército y Dios y las leyes y todos
los pajes y patrias se creen que tú no eres nada:
que no eres nada. 

Agustín García Calvo, en Canciones y Soliloquios (Lucina, 1976)
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