jueves, 5 de julio de 2012

Entrega

Ella comenzó a desnudarse.
La braga te la quito yo, dijo el hombre.
¿Y qué no me quitaste ya
si te doy la vida entera?
Y miró a los ojos del hombre
que allí de pie se mostraba
desamparado, inocente y solo,
despertando en ella, su apagada mirada,
una íntima e insondable tristeza.
Y generosa, volvió a darse
para que él, de nuevo le quitara.




6 comentarios:

Íntimo fárrago dijo...

Muy bello, muy tierno.
Te beso.

Nená

Tomás Rivero dijo...

Palabras. A veces sobran. A veces faltan. La soledad de los hombres.
Y la de ellas. La generosidad de los silencios.

Gracias por besarme, Nená.

Isolda dijo...

Lo leo y releo y me produce un sentimiento de soledad compartida, sin embargo, hermoso o nostálgco o qué se yo!
Besos, Tomás,

Tomás Rivero dijo...

Es soledad compartida. Mas creo que la de él es mayor. Al menos mucho más triste.

Besos, Isolda.

Lapislazuli dijo...

Sentimental y doloroso
Un abrazo

Tomás Rivero dijo...

Me parece doloroso, sí. Es doloroso que un hombre y una mujer se "deban" así.

Un abrazo.