lunes, 19 de diciembre de 2011

La vez que te vi temblar

La vez que te vi temblar
el pudor de los altares
la caída mortal de hojas inocentes
que amaron al árbol
los caballos heridos por la niebla
las calles repletas de suspiros
que no exhala nadie
y tus ojos de amante ciega
mirándote las manos que no tienes
que me diste
con la generosidad de los ahogados
de los desnudos felices
que jamás se taparon.
Su carne expuesta a la caricia
o al maltrato humano de los roces.
¿Cómo ha de quererte la noche
fantasía realidad,
ahora que nunca anochece?


10 comentarios:

Eva R. Picazo dijo...

¿cómo?

con la entrega absoluta

Hostal mi loli dijo...

Con el alma. Precioso poema. Besos.

Tomás Rivero dijo...

¿La entrega absoluta? Uno se entrega si el otro se da. El otro se da si uno se entrega, ¿a dónde mirar ahora que hay tantos?

Un beso, Eba. (((una "v" casi lo cambia todo)))

Tomás Rivero dijo...

¿Con el alma? Una vez vez amé con el alma, dos tal vez. Pasados unos minutos ella dijo, ¿por qué no te relajas, te noto tenso? Me levanté contradictorio, respondí yo.

Como hoy, tal vez.

Besos, Loli.

María José dijo...

Un poema muy hermoso Tomás.Estoy en nido de poetas y me gusta lo que escribes.
Veo que eres de Móstoles.Casualmente vivo en Fuenlabrada .
Besos.

Tomás Rivero dijo...

María José, yo aveces no tengo claro por dónde vivo. Sobre todo dónde debería vivir.
Pero sí, Móstoles, ciudad fea como pocas. Aunque es difícil construir algo habitable en estos pueblos del cinturón rojo, que se levantaron para dormir. Ciudades dormitorio. Qué bonito.

Encantado de que me leas. Ya sabes que esto de la poesía es un rollo, mentira tras mentira para tener un cuerpo acorde con los sueños. Y un sueño que identifique al cuerpo.

Y compromiso. Resulta que esta mentira es compromiso. Poesía comprometida, se decía tiempos ha.

Besos.

Lokdos dijo...

ay Rivero, cómo!

Tomás Rivero dijo...

Marcela, no te lo he dicho, pero me gusta que me nombres por mi apellido.
Me suena muy bien.

Cómo? Creo que distinto. Siempre distinto y jamás igual.

Un beso.

Shandy dijo...

Sólo tiene que cerrar los ojos, volver a ser una amante ciega... como ¿la primera vez?. Versos de un lúcido surrealismo que rezuman la desnuda y ciega inocencia del primer temblor.
(subjetiva interpretación, claro).

Tomás Rivero dijo...

Muy subjetiva, Shandy. Pero también acertada.

Fíjate si es subjetiva que el último verso de "Sacramento" me da pie a escribir, este poema. Cosa rara, ya que los poemas que aparecen en este blog son poemas ya escritos y con su poemario correspondiente. Y que van siendo desguazados y vueltos a parchear en cada lectura. He decido hacer con mis despojos una carnicería.
A veces no lo paso bien.
La mayoría de ellas, me lo tomo como un deporte.
"Mi carne expuesta a la caricia / o al maltrato humano de los roces.

Aveces creo que me quedé en aquel temblor.

Un beso.