martes, 10 de enero de 2012

Jinetes

Altivos jinetes cabalgaron de nuevo
los vi cruzar las arenas
ataviados de adanes
engalanadas monturas
sobre verticales camellos
sus pezuñas de almohadillas blancas
cruzando las dunas con la suavidad
de un sueño.
El sol de soleadas espumas.


Vi un amor puro sin el desgate
de lo cotidiano o lo obligatorio.
Algún espejismo.
Vi que a todos nos es dada la vida
y yo me puse marchito para ti.
Hermoso como una nube
arrasé las ciudades.
Otras noches vi. Otras lunas.

Amantes tiernísimos
con olor a manzana
se rozan en silencio,
como una suave brisa
mueve banderas o faldas
y blusas y camisas.
Y yo venía a veros enamorado
como un hortelano
va a su huerta
y cuida de que todo permanezca
en ese reciente y tierno verdor
en esa tibia noche
fresca y templada.

Cruzaron el desierto
amantes desnudos.
Y yo renuncié a ser feliz.




10 comentarios:

Raúl Campos dijo...

Nada que ver, ya, pero me ha recordado al Romancero Gitano. Ahí que ver la cabeza las asociaciones que hace.

Tomás Rivero dijo...

La cabeza está muy bien asociada, Raúl. Y menos mal que la mayoría de las veces no nos hace ni caso, que si no que sería de nosotros.
Pero puede ser que Lorca se haya metido en algún verso.

Un abrazo.

Íntimo fárrago dijo...

Me gusta mucho el giro que le haces al poema, y como lo cierras. Cuando lo leía tenía la sensación de estar escuchando a Charlie Parker y su Lover Man.

Beso, beso, beso.

Nená

Tomás Rivero dijo...

Estoy leyendo-y-escuchando el poema y Charlie Parker y su Lover Man, una vez más, y no parece que le quede mal. El jazz es que es muy agradecido.

Hablaré con Manolo Galbán y Ry Cooder. Por si quieren ser sustituidos, un ratito.

Tres besos, Nená. Cuatro.

Inés González dijo...

Es dolorosa la mirada de este poema, cierto desencaje como el cambio de verbos, quizás para recordarnos lo efímero del amor y la pervivencia del deseo.
Somos animales mutantes, todo corsé y paradigmas nos condenan a la muerte anunciada, al devenir ciego de los días y al aplastamiento de las vertebras.
Poesía versus Traiciones, ésa es la cuestión.
Saludos

Tomás Rivero dijo...

Inés, yo como casi siempre tengo una perspectiva distinta del poema. Pero creo que nunca voy a conseguir hacer entender que el dolor es una hermosa manera de ser feliz. Y que la felicidad es una hermosa manera de compartir la alegría con el dolor. Y que en esa dialéctica donde ambos se complementan, un servidor está en la gloria.

Un beso para ti. Y otro para tus comentarios, que me alegran el camino.

Shandy dijo...

Acompañada la lectura por la cadencia de la música, los distintos amantes tienen la "suavidad de un sueño".

Inés González dijo...

Difícilmente la mirada del lector, espectador, crítico, llegue a calar en la entraña profunda del autor.
Ahí radica la magia del poema y de las obras de arte, en generar múltiples miradas, sensaciones y análisis.
Salvador Dalí se reía mucho con las tintas que corrían sobre sus obras, las tesis doctorales que se escribieron a cerca del significado de los relojes derritiéndose, nada más alejado de la sencilla imagen que le disparó la idea.
Mejor si no logras hacer entender tu mirada sobre el dolor, nada hay que demostrar, no te olvides que las miradas son múltiples, y la tuya desde el poema es única e irrepetible.
Saludos

Tomás Rivero dijo...

Shandy, monta en uno de esos camellos de acolchada almohadilla y enfila hacia el desierto de Madrid, te estás perdiendo un cambio climático espectacular.

Un beso.

Tomás Rivero dijo...

Claro, Inés, estamos totalmente de acuerdo en eso. Nuestra subjetividad. Que no siempre es acertada.

Pero no solamente me remito a este poema. Me traslado a la obra, a la idea.
No creo en el dolor, como tal. Su mala fama. Lo negativo en él, no es tal. Es un complemento necesario. Es de una belleza irresistible por que va acompañado siempre de una muestra aleccionadora, nos enseña. Y en ese “aprender” hay belleza. Generosidad. Me río yo del dolor. Me río en el buen sentido. En el sentido que me traslada a una placentera situación de felicidad. Evidentemente hablo del dolor como un todo. Las cuestiones puntuales en las que el dolor se manifiesta, como la muerte de un ser querido, me son indiferentes. Eso es lo que debe de pasar. Entre otras cosas para que el ser querido nos de otra lección.
Me refiero al dolor de lo imprevisto. Al avatar. A la improvisación de la vida. A las contrariedades. A lo espontaneo. Todo eso que debe ser la vida, ¡es que debe ser la vida! Así y no de otra manera.
Sucede que nos enseñan a no aceptar la contrariedad: la vida.

Me alargué.

Un saludo.