miércoles, 18 de abril de 2012

Pájaros

Pájaros guirnaldas y laúd
os he vuelto a ver.
De nuevo solos
como un yo simple
y blanco
sobre una alfombra verde.
Rodeados de árboles y algas
o muertos sobre la arena mojada
de una playa.
Y os he tirado un beso tan cálido
que habéis levantado el vuelo.






6 comentarios:

VICTOR GATO dijo...

Muy bueno. Veo matices nuevos delicados y sorpresas -el drama incubado dentro de la sorpresa-

Muy bueno

Un saludo

TOMÁS RIVERO dijo...

Gracias Victor. La sorpresa de la resurrección, tal vez. Su vuelo.

Un saludo.

Hostal mi loli dijo...

Besos con poderes de hacer volar a los pájaros. Besos para ti.

TOMÁS RIVERO dijo...

Tus besos, persistiendo en el tiempo, también hacen volar los corazones.

Un beso, Loli.

Tempero dijo...

Tomás, es un buen poema, de soledad de renovación. Trazado pulcramente en la sencillez.

El vuelo es la archisabida opción de deseo, aunque otros prefieran vivir arrastrados eternamente. Y, personalmente, te quitaría de un plumazo esos dos versos finales pues son de una cursilería infumable, impropia de ti como poeta.

Aberazos.

Tomás Rivero dijo...

Bien lo dices, Manuel: "..aunque otros prefieren vivir arrastrados eternamente."

Lo propio de mí como poeta, no lo tuve claro. Por un lado estaba yo y por el otro ellos. Lo que se esperaba de mí. Conjugar mi yo y el de ellos me fue difícil. Lo sigue siendo. Hay espacios de libertad que quisiera compartir, quiero darme y también deberme. Corregir al poeta, también pasa por corregirte tú, ellos, nosotros.

El derecho a ser cursi, es un derecho sostenible a cambio de alguna prueba irrefutable. Tener alas por ejemplo. Y creo que las tengo. Tan sólo me falta poner cara de ángel. Y quemar todos los paracaídas.

Pero sin duda el vuelo de los pájaros, desde su libertad sostenida, por la levedad de sus alas, debe servirme de ejemplo para querer volar como un pájaro-poeta, cursi en sus pretensiones de besos volanderos. O voladores.


Aberazos de acero.