Todos
Tal vez no acabe nunca de hacer este poema. -J.M. Caballero Bonald-
sábado, 2 de abril de 2022
sábado, 5 de diciembre de 2020
Diario
Relojes de agua llamados clepsidras,
pantanos del hombre llamados fracasos,
el diluvio del vano que nunca regará
las huertas blancas de Babilonia.
Cae lenta la noche en una plaza muerta,
empezó desde la piel
y atravesará la luz de los huesos
donde el alma se prende y descansa.
Escribo, veo fotos, el libro es un árbol.
Amparado en la oscuridad soy sordo y fuerte,
el verso es agua
y sobre el papel navega el lápiz.
Y en los jardines mansos
y en el agua de rosas
penetran los dedos flácidos
en ellos cabe la lúbrica viscosidad del deseo.
Hoy que las madres llevan flores muertas
en la cintura, en los hombros,
y por las calles bajan con un grito
en la frente y una voz de sal en la boca,
mineral y oasis saben a madreselva
las trabajadoras.
viernes, 27 de noviembre de 2020
Era de esperar
Sobre un poema de Aníbal Núñez
Sí, tras bambalinas de sombrío escenario
estampas varias, misterio de tramoya,
unas sillas vacías y luz cenital,
se ocultan dos mimos
que molturan semillas
rojas de adelfa blanca
en un molinillo de aspas azules,
mientras cubren sus cuerpos con batines
de seda y sangre.
Se transparenta la noche del actor,
su mano ejecutora, pero llega el día.
miércoles, 18 de noviembre de 2020
La lectura es sal y el libro humo
y después enterró sus cuerpos en minas de sal
a golpe de pala almacené versos en estantes
y estantes de olvido. Subían hasta el cielo los estantes
y bajaban ardiendo los libros. Quedó con ello
conservado para siempre el dolor y la muerte.
También enterré en aquellos sacos de sal
a poetas y poetas la biblioteca entera de tantos
buscadores de versos: a Chantal Maillard a Platón
y los metales pesado de Marzal y sus cojones duros
al poeta de la levita y a la de las bragas de cristal
a traperos y albardas y así fue
como convoqué el verso y del fuego una llama
y del abrojo una vena: la sangre es muda.
Y todo fue humo. Y la sal lengua.
Ahora en pequeño formato tal vez en urnas
o copelas de cristal probetas creo
guardo las cenizas. Venid a por ellas cobardes.
Las escondo y sé qué escorias
que sangra señalando el sur fálico y vaginal
donde se produjeron las incineraciones. No acudas.
Hay un relincho de caballo a yegua y un grito de loco a risa
de mudo a mazmorra y de letanía a principios
y todo el que en el mar penetra se vuelve azul
y unos días más tarde muere solo y olvidado
de algas y peces satisfecho.
Lo encontraron como ahogado pero era pertrecho
también apero y un poco de andrajo.
De "Poemas hélicos"
miércoles, 30 de septiembre de 2020
Las primeras lluvias
Amanezco normalmente de un gris intenso*, casi quien a la par de otro, más o menos farraguas, después de la lluvia ha comenzado el aguacero. Si miras y ves llover. Con los ojos cerrados nunca llueve. La ropa húmeda, amollecida de tiempo. Somos nosotros, alfareros diáfanos los que damos forma al barro. Con estas premisas y estas persianas, tras ellas la noche, tras ella la barca de Caronte o el mar de Neptuno, tras ella el sueño. Pescador sin barca. Abreviado de aguas el ojo te mira. A estos enormes brazos que sostiene la noche le faltan estrellas. Son brazos muchos más fuertes que los del día. Yo regué hortensias con agua de lluvias. Era septiembre sin duda, y tal vez novias había en los neveros, ese temblor de los aguardientes, el áspero lamido de tu lengua junto al Miño. Mi garganta te evita, tu nombre me aleja de las ramas más altas. Muerdo tu hombro con hambre y te dejas. Mi padre era un héroe porque mojaba el pan en vinagre. Después se desnudaba y gemía ante el amor. Después del amor lloraba. Sigo sus pasos y ciego es el mensajero. Cuando atinas nunca aciertas. Las mujeres viejas son hermosas, llenas de vida o llenas de la vida. Una uva pasa dulce y deseada en el plato. Una uva pasa sobre el plato. Clítoris de luna. Sola y en tu boca. Hay un pavo real sobre la pared, pareidolia que sujeta tu vida. Pavonado de aires. Arena y cemento. Mortero para este ademán te citan desde las burlas y los burladeros. Algo tendrán que ver los cosos que te acosan. Mi alma. A este acantilado le falta vértigo. A este poema le faltan empujones. Si supieras que el toldo, el toldo que nos resguarece del otro, lo cosió una obrera en paro. Mi querida alma, cartón de nadie. A qué sol te refieres si sabes a tierra.
jueves, 17 de septiembre de 2020
Catedral
entre los tejidos puros de tu alma
encuentro siempre un hilo blanco
del que tiro lentamente para tener
entre mis brazos tu cuerpo dolorido
tenso y triste, y con el que atas al mío
esta absurda ceremonia que ante ti represento
de hombre desatado, descosido o roto
contemplando tu cuerpo,
como una majestuosa catedral contempla
desde el silencio, el miedo a ser abandonada.
miércoles, 9 de septiembre de 2020
Nudos
No te acerques a los jardines a cortar flores
anemonas de trigo verde para la lengua
las copas de cristal fácilmente se rompen
y entre tus dedos el vino se derrama
pétalos de vidrio y sangre.
Y si tienes miedo a lo que es velado
y huyes de la belleza que hay detrás
de los almendros prohibidos
no entres en las catedrales a buscar
las flores blancas y amargas de la ausencia.
De las casas vacías salen pájaros blancos.
También del fragor de los nudos.
miércoles, 12 de agosto de 2020
Ventanas
¿A qué hora se publica un poema
con garantías de Nobel en este manco mundo?
se preguntaba el ignaro poeta de la noche.
La playa se llena de un tropel de bañistas.
Los corazones de cada uno de ellos, también.
¿Asistimos a una orgía de febriles corazones?
Todos dependemos de una mirada,
del roce más o menos intencionado de un dedo
indicando las fechas mortales de los cuerpos.
Las cocinas del hambre se cierran a las doce
y después de ese hambre clausurada
nadie responderá a la gula febril de tanto miedo.
Esta tierra está llena de carne,
es una carne inocente y sola
desnudándose y abriéndose a cada instante
que sabe de un gusano primordial
y exigente. Se introduce en la boca
como una lengua se introduce en el sexo.
Abre tu ventana. Los armarios se cierran solos
como si dentro de ellos hubiera un espejo
de agua que empuja los deseos y las puertas
hasta las orillas y el azogue de los ríos.
Tras el espejo no existe nunca
una boca deseada que te haga compañía,
que musite: “Tú y yo, un solo y breve instante”.
Afuera está un hombre con los labios pintados,
su carmín es más exigente y preciso
que el estilete de todos los arcoíris
buscando la palabra, el arco y la herida.
Con las ingles marcadas de venas
sensuales, tensas y azules, te nombro:
"Soy el caudal que te lleva".
Un puño cerrado se oxigena sobre una almohada,
de su apretada soledad mana agua azul.
La lengua de los pájaros también tiene alas.
Las reses, las bestias, las acémilas,
duermen en camas de serrín y caoba,
son las cuadras sucias de la noche.
Hay un nácar perpetuo en cada forma,
lo lame un armiño de fuego
y con cada baba va dejando
una podredumbre de colmillos exangües.
domingo, 19 de julio de 2020
Arden
viernes, 17 de julio de 2020
Siete por siete
Escucha
Emulando a Tarzán
cuantos sofás son necesarios
para entender la lenta agonía
de unas rosas rojas
en un jarrón metálico y formal
sobre mármol lunense
traído de unas canteras ilegales
cerca de Perales de Tajuña
a las doce de la mañana
cuando un sol radiante entra
por la ventana y al fondo del paisaje
se ven unas hermosas
y cristalinas cataratas.
Sostener la mirada al tigre
cuando este ponga
su descomunal zarpa
delante de su cara
y mantener el cuerpo recto
contra el respaldo del sofá
mientras el periplo de selva
de la fiera se desliza lento
a lo largo de su espalda
como una liana de raíces trenzadas
balanceándose en el fondo
brillante de los ojos del felino.
Y dos: Si usted es un buen observador
podrá comprobar que una gota de agua
nunca intentará traspasar el cristal
ya que según su código genético
esta acción invasora es considerada
una redundancia. Deslizarse por tanto
es la manera culta aprendida por ella
a lo largo de los siglos
para adaptarse a la caricia
que usted siempre confundió con el miedo.
Te quiero
miércoles, 8 de abril de 2020
Nasciturus, el no encontrado
viernes, 6 de marzo de 2020
Papelera
Te amo
o también con rabia noble
pulo la roca,
grabo con la yema de los dedos,
escarbo en la arena
de las rocas fáciles y blandas,
y que la vida incitó a sobreponerse
a la erosión antigua del poema.
Y ahora ando con una piedra
en cada mano apretando el puño
al paso de esas bestias
que amenazan la posibilidad
de que yo vuelva a tropezar
más de un millón de veces
en la misma roca.
Y ya no me queda sino que destrozar
mis uñas, mis carpos y mi frente
en los tantos errores que cometo
mientras miro amanecer,
tus ojos, el bosque,
y desde aquí hasta allí
midiendo la distancia
de la soledad del hombre
todo es piedra reducida
a un solo y único grano de arena:
nuestro universo:
aquel fuego del que provenimos
va quemando las palabras eternas.
Y concluyo reloj de arena y agua,
tiempo encarcelado en copas de vidrio
clepsidra y espera
hoy que me encuentro solo y tarde.
Y es así como sé amarte,
como puedo amarte.
miércoles, 4 de marzo de 2020
Nada
de ese sordo ruido inexistente
que se instala poco a poco entre nosotros.
Ese silencio se vuelve un sonido cómodo
que supuestamente te apacigua
y es entonces cuando te das cuenta
de que no vas a oír nada
de lo que suceda a tus espaldas
nada de lo que suceda ante ti
nada de lo que suceda de hoy en adelante.
Y esperas como un ciego
la llegada silenciosa de una mano
el tacto desnudo de su guante
el oído presto a una caricia
que no te hizo nadie.
No hay nada
nada se lee en el viento
ni sobre el polvo de las cosas cotidianas
nada dejó huellas
ni siquiera un libro que nos diga
de por qué se hizo este silencio.
No hay señales ni rastros
tan solo una amable costumbre
a no sentir nada.
jueves, 20 de febrero de 2020
Amor
moví con mi pene las arenas y el cieno
y entre culebras y coquinas
me deslicé entre las piernas más hermosas
porque eran las últimas piernas
que la vida me ofrecía antes
de ser pasado -aquella constante posibilidad-
por las armas
antes de ser escupido por los hombres
y antes de ser rechazado por la moral enemiga.
Follé contra las tapias.
Follé en los parques y en las bibliotecas
mirando la nieve de las montañas
y soportando el peso de los bosques
viví en pisos clandestinos
en sábanas clandestinas
en suspiros prohibidos
amé desesperadamente
con un revólver humeante en el estómago
bajo el peso húmedo de las palmeras
la ternura verde de los limones
y el refugio templado del olivo.
Follé contra el sistema y contra la vida.
Y ella y yo lloramos aún amargamente.
domingo, 16 de febrero de 2020
Confusión
el complejo entramado de una señal.



