Yo
habitaré después de ti
y lo
harás tú también sobre la huella
que
dejara abierta un reptil, un simio,
esa
hembra de león.
Seré
un hombre en una plaza
expuesto
a las inclemencias del clima,
a
este ozono firme y frío.
Erguido como
una roca que soporta
el
viento azul del norte, la lluvia gris del sur.
Los
paseantes verán en mí
el
bronce de la futura estatua,
las
afiladas garras de la basilisca arpía,
la
viperina boca de la mítica gárgola.
Un
estático sueño de granito,
una
columna de mármol pentélico.
Más
cerca de ti que nunca,
lejano yo en la llanura de Ática,
siendo aquel deseo
que nunca tuvo De Chirico.
Tal vez no acabe nunca de hacer este poema. -J.M. Caballero Bonald-
lunes, 3 de diciembre de 2012
sábado, 1 de diciembre de 2012
Tu boca: Julio Cortázar
Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como
si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me
basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la
boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca
elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi
mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide
exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja. Me
miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope,
nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre
sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se
encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la
lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene
con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu
pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como
si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia
oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y
terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y
hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar
contra mí como una luna en el agua.
Capítulo 7 de Rayuela
Capítulo 7 de Rayuela
viernes, 30 de noviembre de 2012
La oculta armonía del cero
Llena de altibajos la noche se prolongó
por derroteros varios.
Yo te miraba y con un murmullo de dientes apretados
te avisé, te quise, te sujeté.
No fuerces la aritmética sonora
donde añade cifras el ruido de los números,
no sumes, no multipliques,
resta o divide
y serás el vencedor de muchos.
Si hechas cuentas
siempre te saldrán errores
errores múltiples
de aquí y de allá,
aquel año,
un día sin que tú te dieras cuenta
capaz de encontrar lo más hermoso
por ejemplo la besaste o te besó.
No fuerces los errores del número primo,
hecha leña, si quieres, al orden mundial
y observa su implacable matemática
de continuos desastres
dónde no se tiene en cuenta
la oculta armonía del cero.
jueves, 29 de noviembre de 2012
Vida secreta
Dedicatoria: Caracol
uno
Bajar las persianas
comprobar con los ojos y las manos
que estoy en lo cierto.
comprobar con los ojos y las manos
que estoy en lo cierto.
dos
Hay una insuficiencia en todo,
un todo no completo.
Miro el universo.
Toti Soler: Vida secreta.
miércoles, 28 de noviembre de 2012
martes, 27 de noviembre de 2012
Adversario
Adversario di diverso si duele ahí
donde el humo íntimo despide del papel
helénicas llamas
o donde el pelo en velo se levanta
onda al viento suplicio.
donde el humo íntimo despide del papel
helénicas llamas
o donde el pelo en velo se levanta
onda al viento suplicio.
Di si sobrando celo a la humedad
mirar el desierto puedes
ahora que apura la memoria
su copa de fuego.
mirar el desierto puedes
ahora que apura la memoria
su copa de fuego.
Por eso viene el tiempo
con olor de esperanza
sacudiéndolo todo.
con olor de esperanza
sacudiéndolo todo.
Adverso ¿duele di el adversario
primigenio?
primigenio?
Without Mercy (I-II) - The Durrutti Column
lunes, 26 de noviembre de 2012
Citas desinteresadas
...seres, instituciones, todo
me rehuye o me segrega
todo se aparta de mi lado, hiedo
Soy un peligro público que emana*
la pestilencia de la libertad.
-Felíx Grande-
(*En la primera versión de Felíx Grande
“emana”. En posteriores correcciones, “expande”)
domingo, 25 de noviembre de 2012
Ahora que los ciudadanos por fin somos poetas
Hay
siempre, en definitiva, una esquina del velo que exige expresamente no ser
levantada, y piensen lo que quieran los imbéciles, ésta es la condición misma
del encantamiento.
-André
Breton-
Hoy
alguien en un sueño dijo:
ten,
en esta garrafa
hay
agua limpia, por si toma moho
la
del corazón.
-Olvido
García Valdés-
Referentes
La cita
de André Bretón dice que una esquina del velo exige no ser levantada. Y que
cuando tengas moho en el corazón acudas al de Olvido García Valdés que en su
garrafa de sueño hay agua limpia. Seguí las instrucciones. Así que me situé
en el paisaje y me puse a recorrerlo sin rozar el velo. Respeté la magia,
sopena de ser un imbécil bajo las garras de Bretón. Antes de emprender el
camino, para que no me echara del sueño Olvido, tomé agua limpia por si
durante el trayecto tomaba moho la del corazón.
En 1815
Heinrich Stölzel incorpora el mecanismo de pistones a la trompeta. El jazz tiene
una deuda con él. Algunos poetas intentamos incorporar una pieza de jazz al
poema. La poesía necesita un soporte de acero: el martillo, el yunque.
Fuelle, brasas. Rojo vivo. Un martinete. El metal. Ascuas. La trompeta. Esto
no es coreografía estalinista. La poesía que se hizo bajo el realismo
socialista es lo peor y lo mejor que hemos hecho como clase: lo mejor porque
lo intentamos. Lo peor porque lo hicimos bajo la atenta mirada del
estalinismo. Vladimiro (Maiakovsky) no lo consiguió.
Después de aquel
paréntesis, hoy más que nunca, buceamos en las piscinas literarias de la burguesía. Nuestros
dirigentes obreros proceden de la burguesía, nuestros poetas también. ¿Qué
hemos hecho como clase hasta hoy? Trabajar como hormiguitas idiotas. Nosotros
trabajamos para ellos y ellos entran en un dulce trance de contradicciones,
producido por el ácido fórmico que obtienen de nosotras. La burguesía sufre
contradicciones que sí merecen ser contadas. Sus contradicciones son de
calidad, las nuestras en cambio viven a expensas de las suyas. En nuestro
devenir cotidiano, nosotros les proporcionamos los ingredientes y ellos saben
cómo digerirlos, darle un orden al desorden espontáneo de todo aquello que
les llega del resultado final de su “convivencia” con nosotros. Ellos sí
saben contarnos lo que les pasa, y nosotros, perfectos imitadores por tiempo
y tradición, perseguimos enternecedoramente sus intensas pasiones. Sus
cuidadas emociones se enseñan en la Universidad, de donde salen especialistas.
Y cuando lo culto se “democratiza”, o se pone al servicio de los menos, crean escuelas
menores a las que llaman talleres literarios, para que de una vez por todas los reacios entendamos practicando, que a estas alturas de la historia ellos han hecho
literatura de su vida; y que ese pedigrí, rango, casta o distinción, ya ha
alcanzado una altísima cotización en el mercado y mucho prestigio en la
sociedad. La suya, pero sobre todo en la nuestra, porque no hay nada más
notorio que conseguir el Nóbel con el mono manchado de grasa, o yeso, y que los los tuyos te saluden en la cola del "DIA". Autoestima. Pero tus padres lo que quieren
es que logres una buena colocación. En caso de que vayas por libre y “sepas
sin saber” te titulan autodidacta, y desde el reconocimiento oficial de tu
ignorancia, ya puedes presumir de que eres un ignaro con medalla. Yo, debe
ser porque mi inconsciente, históricamente plebeyo, puede más que una
hipotética línea dinástica que no me ampara, soy un malísimo alumno, y aunque
llevo años imitando el estilo inmaculado del burgués, aprendo poco. Como
mucho, para crear clima (atmósfera propicia) imito al burgués escribiendo
estas líneas mientras suena un blues del Mississippi cantado por Howlin’ Wolf: The Red Rooster. Sin
duda esta es otra lección. O quizá porque soy blanco, hijo de occidente. En
ambos casos porque tengo la tripa llena. Importante para poder escribir y
escuchar un blues.
El
sentir general es que el poema no sirve para nada terrenal. Dicen que es
fantasía, un simulacro. Aquello que se le decía a la novia, a la madre. Dicen
que la poesía pertenece a ese estado “superior” (¿contemplativo? ¿místico?)
donde, con vocación de equilibrista, uno puede mirar el interior de su carne
para ver los conductos a través de los que se alimenta el alma. En su
descubrimiento uno emplea todas las energías. Allí tan solo hay arterias,
venas, epitelios, y puede que en el torrente sanguíneo haya versos, muchos
versos, mas es el óxido nítrico el desencadenante de la erección, y el
colesterol del infarto. Los poetas somos unos tontos sentados. Unos tontos
con conciencia estrambótica. La conciencia, ese estado de percepción, que
mira más al futuro que al presente y se enfrenta a la realidad fea, triste y
sucia. Así que los poetas sabemos cosas que no sirven para nada. Somos unos
tontos sentados, y otras unos jodidos provocadores con sangre en la punta de
la lengua. Los poetas somos referente moral, para una sociedad que se come
los mocos. Como a Pablo de Rokha me duelen los
cojones de las medulas categóricas de ser un autodidacta borracho (empapado)
del arte de otros. Lenin, emocionado ante el arte “enemigo”, sentía ganas de
arrullar a los artistas burgueses, y después se quería cortar la mano con la
que los había acariciado.
El poeta
escribe versos, que una semana después, no sirven para nada, y un mes antes
nadie los necesitaba. Nunca como hasta hoy se había hecho un producto del poema. En esa “lógica”, el producto debe durar tan sólo
días, horas, minutos. El uso dado a los tomos de poesía en los últimos 50 años fue adornar librerías de madera aglomerada. Algunos pudimos leer poemas al
desenvolver el bocadillo de sardinas. Hoy, millones de poemas arden a diario
en las factorías de post-producción, y en los balances anuales de beneficios.
Pero el
poema te va curando durante todo el viaje, y a la larga, o sea, cuando ya te
has muerto, sus toxinas disuelven la carne, pero salvan la memoria, que es
una ola inmensa de oxígeno de color azul flotando cerca de las estrellas,
dispuesta para ser recogida por los ojos curiosos de nuevos navegantes.
Algunos egoístas lo usan para respirar. El poeta sabe que de sus sueños
vivirán los hombres futuros. Así que se trata de romper, hacer trizas la
palabra. Se escribe para dejar de escribir. El poema debe parar una guerra
antes de que estalle. Cambiar el resultado de unas elecciones que no se han
celebrado. Y si le lees un poema a un patrón, al segundo siguiente debería darte
empleo. Al solicitar la hipoteca, una biografía de poeta debe acelerar su
concesión. O la nómina se hace poema o continuaremos perdiendo poder
adquisitivo. Mientras, seguiremos aquí en la ciudad, todo el tiempo entre
ladrillos. Pateando el barrio. Los barrios bajos. Los barrios altos. Los
bajos, hechos de palabros. Los altos, de frases hermosas. Las calles sin
salidas, de exabruptos y tacos. Las avenidas, de versos luminosos. Las
plazas, de retrueques. Y el mercado de la literatura, de Ferias del Libro e
ingresos multimillonarios. Los editores también, ya, por fin, pueden
financiar las guerras. La vida, dándose forma cada día a sí misma, contempla
el extraño, triste y solitario producto en que nos hemos convertido. Esa
costra de miel y barro que es la vida, permanentemente maravillada ante
nuestras abluciones. Hagamos de la derrota nuestro único triunfo.
La
poesía es un eterno dolor de muelas, muelas de las que el alma carece, así
que te duele el alma: esa especie de seda para llevar puesta una sombra de
agua que nos calme la sed. Y como todo es búsqueda, ambición y deseo, en ese
deambular, el alma se transmuta en metafísica que deviene en conciencia
social, enrolándose esta en las asambleas de afiliados del sindicato, donde produce
en los corazones de los allí asistentes, arrebujados nidos melancólicos
hechos con papel y sangre de analíticos debates, debates que intentan demostrar
que los tres puntos del convenio están por encima de los versos inmortales de
Don Antonio Machado: “Un golpe de ataúd en tierra/ es algo perfectamente
serio”. Vano intento. Y si ellos aprueban los textos por amplia mayoría
(tenaces bolcheviques) uno aprueba por amplía minoría (absurdo menchevique) que
la poesía se hace con los restos del íntimo naufragio, se hace en soledad o
con uno, de la memoria de unos besos, y también “con amor o con odio”, que
diría Pavese, pero siempre con la violencia de un salvaje. Que nuestra carne
arde quemada por el oxígeno, y en su larga combustión, las llamas precisan
ser avivadas para que de ellas nazca el cero, el círculo que elevándose
alcance la esfera celeste, en el eterno viaje. Viva la clase obrera. Viva
porque ya no cambiará el mundo, el mundo nos va a cambiar a nosotros por la
barbarie. Salud, porque con dolor de espaldas no nos moverán.
De niño
creía que la profesión más dura de todas era la de actor de cine, ya que más
tarde o más temprano, al pobre actor le tocaría morir en alguna película, por
“mandato” del guión. Más tarde supe que en las “pelis” no moría nunca nadie.
Me dije: “Entonces tendré que hacer poesía. Alguien debe asesinar a estos
fingidores”. Heme aquí, toda una vida intentando matar al actor de cine, que
muere para estar vivo en la película siguiente. Yo también interpreto mi
papel, con mayor o peor fortuna. Y los poetas somos seres inmortales.
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sábado, 24 de noviembre de 2012
Citas desinteresadas
Aquí no hay quien escriba:
te interrumpe hasta el corcho
que no deja de hablar de sus abejas.
-Aníbal Núñez-
viernes, 23 de noviembre de 2012
Las alas encendidas de este minuto
Este hombre que no va conmigo
pero que presiento o sospecho tras de mí
sacando hilvanes de sangre de mi espalda,
se pregunta de qué descosidas cicatrices
nació
la palabra ausencia,
la
be de ravia,
la
uve de libre,
la
hache mundana que mira
los
pies desnudos,
las
alas encendidas de este minuto
que
vuela
perdido
para siempre
en
un sueño que se realiza
cada
vez que te miro
cada
vez que te beso o que te abrazo
mientras
planchas volubles camisas
o
enhebras agujas de saliva
y
coses a mi espalda el desorden de la tuya
a
las tres de un mañana
a
esa hora tan hermosa
en
la que te despiertas para amarme de nuevo
como
sólo los amantes vuelven
hermosos
más
hermosos que nunca.
jueves, 22 de noviembre de 2012
LÁSCIBO (los tres cubos)
Invento la realidad que existe
Todo estaba escrito: amor era el misterio.
Pétalo caído que inspira a los poetas
tan sólo un murmullo tenue de pisadas
y esta existe de otro modo
como existe la luna si la mira un loco.
Todo estaba escrito: amor era el misterio.
Pétalo caído que inspira a los poetas
tan sólo un murmullo tenue de pisadas
miércoles, 21 de noviembre de 2012
Blues en su punto
No es un buen blues. Es un blues entrañable. Canned Heat al servicio del señor marrón,
Clarence Gatemouth Brown.
Son las doce. Mañana será un día más. Borramos fechas del calendario con sangre.
Clarence Gatemouth Brown.
Son las doce. Mañana será un día más. Borramos fechas del calendario con sangre.
¿Azul?
Mensaje en una botella de corcho
Yo soy un invisible. Tú eres una invisible. Veinte millones de
obreros de este país son invisibles, creo que lo sabes, o te haces la tonta, o
como si fueras hombre, incluso el tonto, para seguir con una venda en los
ojos que no le hace ningún favor a la poesía, o al país. O a los tuyos, ciudadanos con traje de faena. Parias desclasados. Y amas a la Pizarnik,
tal vez a poetas de otras tierras, a Edmundo De Ory, a fulano de tal, a perico
de los palotes. Pues si es verdad tu amor por ella, por él, por tantos, ama lo
que ellos amaron. Busca qué le dolía a la Pizarnik. La risa gaditana y mordaz De Ory. Murieron en nombre de los
invisibles que poblamos la Tierra. Un planeta que se llama Tierra, ¿no te llama
la atención? Tierra. Agua. Barro. Formas. Minerales. Un huevo de serpiente. El vuelo de un albatros. Autopistas hacia el mar. Autopistas como acantilados imposibles. Altos horizontes. Una calle repleta de vida. Un
hombre tras el cristal de su ventana. Pessoa escribió "Tabaquería". Nos vamos dando forma. Tú a mí, yo a ti.
El vestido, la camisa. Los huesos pensativos. Un rato de maquillaje en la penumbra. Tus pies y las huellas. Ni tú ni yo tenemos la misma
forma desde que compartimos. Desiguales. Parecidos. Hoy soy otro por decir
palabras viejas. O por no creer en ellas. Palabras para ti. Para este otoño vestido de hojas muertas. Estas palabras que son agua y barro. Formas. Para siempre, para nada. Pasa el tiempo y sigo
sin saber qué ven tus ojos dormidos, fijos a mi espalda. Tus manos
en la noche. En mi pecho. Las ciudades, los ríos. No sé qué hacer con tu prisa, esa urgencia. Con los búcaros de plomo y sus flores de siempre. Con el marfil, la plata. Los armarios. Aquel objeto diminuto con paloma incorporada. Con los textos, con algún poeta. Con el comité central. Con los girasoles, que no dejan de joder con la pelota, girando
en torno a un sol sin portería. Y quiero vivir ignorando las formas que le dan
nombre de insolencia a tu sonrisa. Siempre te quiero. A pesar de ti. De mí. A
pesar de los dos. A pesar de que es imposible amar, nosotros nos mordemos y se caen
las hojas de un árbol próximo. Mariposas de un ginkgo biloba. Paseo, camino, me cruzo. Hago calendarios. Entierro tesoros. Trazo. Pienso. Todo se
recicla. Somos eternos. Cenizas por tanto. El soplo frío de un dios enfermo. Tus rodillas. Hay un pez en tu vientre. Tengo besos pegados en las pestañas. Vendrá la muerte de Pavese y tendrá tus ojos. Vuelan los míos, como un absurdo defecto. Albatros. Si encuentras estas notas, destrúyelas. Haz simiente o abono de estas palabras. De este deseo, un recuerdo. Un pergamino de cristal a la deriva del alma encerrada de los bosques. Del mar. Del mar siempre. Fin del mensaje.
martes, 20 de noviembre de 2012
Fleetwood Mac: Black Magic Woman
Mujer de magia negra. Peter Green. 1973. Fleetwood Mac.
Después vendría Carlos Santana con su excelente versión.
Pero esta es mi preferida. La original.
El blues de las doce del medio día que tan sólo marca la
mitad de una noche azul.
Después vendría Carlos Santana con su excelente versión.
Pero esta es mi preferida. La original.
El blues de las doce del medio día que tan sólo marca la
mitad de una noche azul.
lunes, 19 de noviembre de 2012
Citas desinteresadas
Me puse el pan
en la oreja
y oí pájaros.
El viento
del trigo.
-Miguel A. Curiel-
en la oreja
y oí pájaros.
El viento
del trigo.
-Miguel A. Curiel-
sábado, 17 de noviembre de 2012
Suicidio
Llueve. Cae agua de revólveres y Vallejos peruanos
hartos de ser hombres de Nerudas, ahora que el tiempo
aquí en el norte, es de un otoño infernal,
plástico, malva, amarillo y ocre.
Ahora que mi querido poeta
Gabriel Ferreter cumplió 50 años de suicidio,
justo cuando tenía 50 años de edad madura
y permanente (27 de abril de 1972)
y era, según él, la hora, la edad perfecta para morir
de un poeta, antes de empezar a oler a orines,
o antes de empezar a tener problemas
con los hombres de tu tiempo,
con las cosas de tu tiempo, con las sobras
de tu tiempo, o el hambre insaciable
establecida como norma o exigencia,
y al que ya no corresponde el diente afilado
de tu lobo,
o el colmillo clitoriano de ella no afecta azul
al bálano creciente que tú usas
en ese viejo revólver vallejiano que escupe
tintas de lluvia con borrones de tristeza.
Y cae agua de revólveres mojados,
de tejas vanas grises viejas
con goteras de siglos, con espasmos de siglos,
aquellas nobles torres De Chirico
metafísicas, impávidas de plazas soñolientas
al paso lento de un hombre
que busca su propio laberinto de ausentes.
Ausencias del tiempo de Gabriel
del tiempo del poeta,
del tiempo de Ferrater en aquel viejo bulevar,
sujetando en su mano de acertada puntería,
el güisqui dorado de eternos otoños,
mientras unos hielos transparentes,
iluminados de vida y primavera le dictaban
parte de su poema "Floral":
En la primavera del cincuenta y dos, las muchachas
llevaban blusas blancas y rebecas
verdes, y por las calles oíamos el susurro
precipitado de flores y hojas en que se esconden
los negros cueros del almendro. Cumplí
treinta años, que también me parecen prematuros.
Pero ningún viento los ajusticia.
hartos de ser hombres de Nerudas, ahora que el tiempo
aquí en el norte, es de un otoño infernal,
plástico, malva, amarillo y ocre.
Ahora que mi querido poeta
Gabriel Ferreter cumplió 50 años de suicidio,
justo cuando tenía 50 años de edad madura
y permanente (27 de abril de 1972)
y era, según él, la hora, la edad perfecta para morir
de un poeta, antes de empezar a oler a orines,
o antes de empezar a tener problemas
con los hombres de tu tiempo,
con las cosas de tu tiempo, con las sobras
de tu tiempo, o el hambre insaciable
establecida como norma o exigencia,
y al que ya no corresponde el diente afilado
de tu lobo,
o el colmillo clitoriano de ella no afecta azul
al bálano creciente que tú usas
en ese viejo revólver vallejiano que escupe
tintas de lluvia con borrones de tristeza.
Y cae agua de revólveres mojados,
de tejas vanas grises viejas
con goteras de siglos, con espasmos de siglos,
aquellas nobles torres De Chirico
metafísicas, impávidas de plazas soñolientas
al paso lento de un hombre
que busca su propio laberinto de ausentes.
Ausencias del tiempo de Gabriel
del tiempo del poeta,
del tiempo de Ferrater en aquel viejo bulevar,
sujetando en su mano de acertada puntería,
el güisqui dorado de eternos otoños,
mientras unos hielos transparentes,
iluminados de vida y primavera le dictaban
parte de su poema "Floral":
En la primavera del cincuenta y dos, las muchachas
llevaban blusas blancas y rebecas
verdes, y por las calles oíamos el susurro
precipitado de flores y hojas en que se esconden
los negros cueros del almendro. Cumplí
treinta años, que también me parecen prematuros.
Pero ningún viento los ajusticia.
viernes, 16 de noviembre de 2012
Oficio
Arriba y abajo siguiendo mis
pasos
o pisando mis huellas
calcé definitivamente
el pie que me acompaña
e hice mi obra con altiva
paciencia
rastreando cual apache
los cascos heráldicos de Kafka
por ejemplo
u otros por ejemplos
como De Rokha y muchos más
alguno más llegó hasta mi cuerpo
que respiró la libertad con
agallas de anfibio,
o con bífida lengua.
Y soporté hermético y soberbio
al poema caído en medio de mi
frente,
que doblegado, abatido, impávido,
gravitó dulce y amargo,
fue reptando como una serpentina
animal,
como una hiedra eterna y
duradera;
por todas mis tripas y mis
hernias
fue dejando zarpazos de una
gravedad
próxima al herido de guerra y su
dolor hospitalario.
El poema felino, con enérgico
vigor, me ha sometido
durante años. Obligado a pergeñar
las heridas a los versos
o la letra a la palabra, he ido
atando con hilos de sangre
el amor o la vida, el odio o la
muerte,
añadiendo cabo al cabo, zurciendo
y repasando
o corrigiendo sus afilados
bordes,
así hasta vencerle un poco,
el poco de los genios o de los
elfos o de los magos,
la brizna
del que somete a esclavo el
remiendo literal,
a plancha el patrón tipográfico,
a magistral borrador elegías y
loas.
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