Entreabrió los muslos de Zarza con sus manos fuertes
y separó el canal mojado y palpitante.
y separó el canal mojado y palpitante.
-Rosa Montero-
Ella quiso que él le diera
un pedazo de carne en carne
viva,
el semen excesivo que la
ahogara;
su hueso más lejano cristalizado
en largo esperma,
la sustancia de hombre
comprometido
con este crucial tiempo compartido:
suyo, de él, de ambos.
Notó que la carne dentro de su
carne,
salvaje, nervuda se tensaba.
Un férvido látigo fue su
colosal eyácula,
que copiosa la dejó inmersa,
dolorida y anegada,
en un silencio de hombre y de
tristeza.



